martes, 27 de marzo de 2012

Cine / Opinión... Quantum of Solace (Parte 2)


Quantum of Solace (Parte 2) - Lo particular


Comencé diciendo que coincidía en parte con las críticas que he tenido oportunidad de leer; y en otra parte no. Creo que el tema de fondo que habría que discutir acerca de “Quantum” es que, como dije antes, a mi juicio se trata de una transición. Y como tal, ahora estamos a mitad de camino. Habrá que esperar a la tercera entrega a cargo de Craig para ver a dónde llegamos.
Si “Casino” fue el inicio de un viaje que nos llevaba a presentarnos a este tal señor Bond, tipo oscuro, parco y anónimo si los hay, “Quantum” es la travesía misma, atravesar el océano desconocido sin saber con que nos vamos a encontrar del otro lado.  “Quantum” es el durante, el viaje en sí, la epopeya del héroe.
Por ahora solo podemos imaginar, hacer conjeturas sobre que hallaremos en el después. Entonces debemos entender, más aún prestando atención al planteo que se hace de la organización que Bond descubre a lo largo de la trama, que es necesaria una tercera parte para cerrar esta trilogía de reinicio y acomodamiento para luego sí, con bombos y platillos entrar de lleno a disfrutar del nuevo Bond, modelo Siglo 21, que se está preparando.
Fijarse solo en un detalle para abonar lo dicho: En “Casino” no hay gun barrel. En “Quantum” lo entregan de regalo, como broche de oro ¿Nos están avisando que será la tercera la que abra a la vieja usanza y a partir de allí todo será como era entonces?
En algo estamos volviendo. La P-99, el modelo de Walther que Bond adoptó sobre el final de “El Mañana Nunca Muere”, desapareció para volver a darle su lugar a la legendaria PPK 7.65 de los filmes de siempre.
Insisto en marcar que lo más interesante de la refundación de este gran negocio que es Bond, está en la inteligencia con que sus dueños lo llevan y manejan.

JB – Ese viejo nuevo conocido

Si quien lee no ha visto la película y quiere mantener el suspenso, no lea a partir de aquí. No me gustan los que escatiman detalles a la hora de contar, por lo cual voy a ser lo más explicito posible sin omitir nada de lo que recuerde. En consecuencia, si su elección es sorprenderse frente a la pantalla le recomiendo que vuelva en unos días cuando podamos cotejar opiniones. Por lo pronto, pienso tirar sobre esta pantalla todo lo que pude traerme del cine.

Si “Casino” arrancaba con una presentación fuerte para introducir al nuevo Bond, “Quantum” no le va a la saga. Es más: redobla la apuesta. Y aquí va el primero de los pocos puntos de desacuerdo que tengo con el filme y de acuerdo con ciertas críticas. Sr. Director: Mueva menos la cámara.
Entiendo que en la moda de “seguir el camino de” o “hacer las cosas cómo” la tendencia es repetir experiencias que dieron resultado antes. También comprendo que debemos adecuarnos a ciertas convenciones de la época o el tiempo en el que un trabajo es realizado (Bourne hizo olas y dejo huellas ¿no?)
Pero también hay reglas no escritas que dicen que deben respetarse ciertas prioridades y convenciones en el cine. Y en el cine la prioridad es verno sentir.
Si me llevan en una carrera demencial, sea por donde sea, seguramente correré el riesgo de no ver nada, a cambio de “sentir” ¿sentir qué? “La sensación de estar dentro de la acción” dicen los más avispados. Mentira. Miren “Bullit” con Steve Moqueen y discutamos después cómo y desde dónde se aprecia mejor la perspectiva de lo que quiero mostrar.
Lo único que te queda cuando la cámara se mueve como si la hubiesen metido en una caja y tirado por la pendiente de un barranco, es un dolor de cabeza que te lo encargo. Porque lo que hizo el director durante los primeros minutos, fue bombardearme con algo que no entendí, que solo atiné a percibir, a captar por fotos, borrosas la mayoría, y de lo cual me perdí un trabajo magnífico de montaje, edición, fotografía y pericia técnica de quienes conducían los vehículos. A mí, en particular, no me interesa “ir dentro del auto”. Me interesa y basta con verlo desde afuera y abarcar. Disfrutarlo.
En contraposición, y para no cargar las tintas sobre el tema, la imagen inmediatamente anterior, la vista a vuelo de pájaro aproximándose al túnel sobre la superficie del lago, me pareció de una belleza exquisita. Esos son los planos para los que está puesta la monumental pantalla de un cine.
Para admirar la expresión de los ojos del actor y detectar el tic que me indica un cambio en su estado de ánimo o de atención, está la pantalla del televisor. Muchachos (esto va dirigido a quienes filman) dejemos de usar la camarita para montarnos en el hombro del actor y ver la película desde allí, o pasará lo que tantas veces con enfoques revolucionarios en la historia del cine: nos aburrirá, lo detestaremos y dejaremos de usar el recurso en las ocasiones que sí lo ameriten.

Volviendo a lo que nos ocupa…, la apertura es soberbia (a excepción de lo mencionado) y en conjunción con el montaje, la edición y la banda de sonido, creo que estamos ante un momento del filme que quedará en el archivo Bond como un “clásico”. Si “La Espía” tenía a Bond saltando en esquís desde un pico elevado, si “Octopussy” aportó lo suyo con un jet saliendo de un falso caballo y “Goldfinger” amenazó con cortar en dos a Connery con un láser por sus partes pudendas, “Quantum” entonces tiene para aportar a esa exigente galería dos momentos que son de excelencia.
Uno, la apertura con persecución de los Alfa y el Aston Martin. Dos, la aparición de Mitchell y la carrera por los tejados, con lucha en los andamios incluida.
Los títulos me parecieron prolijos, cuidados, sobrios, pero para mi gusto le faltó a ese pase la acción y el despliegue de imaginación que mostró la presentación de “Casino”. Creo que aquella supo expresar más el lenguaje Bond que ésta. Las imágenes de las siluetas peleando y explotando en mil partes cuando eran heridas de muerte me parecieron geniales. Las animaciones de Bond corriendo y disparando; asociar los tréboles a balas y montar toda una representación de lucha y persecución a través de las siluetas que semejaban imágenes salidas de naipes, me resultaron mucho más interesante que las clásicas chicas desnudas balanceando los pechos al compás de la banda de sonido de las películas de antaño. Pero bueno, la modernidad marca tendencia y hay que seguir ajustándose a necesidad. Hasta acá: Aprobado.

lunes, 26 de marzo de 2012

Novelas del Autor / Crónicas...


Capítulo 4



Punto de salto de la Flota “Golpe de Puño”


El navío de comando del General Kensheere voló a unirse al grupo de batalla que lo escoltaba y, desde allí, el hombre que estaba a punto de cambiar el curso de la historia se dirigió directo al acorazado que utilizaba desde el principio de su campaña como base de mando para la Flota.
El “NLO Temerario” era el más importante de todos los navíos de la flota, tanto por tamaño y capacidad operativa como por poder de fuego. Su tamaño doblaba al de un Portanaves de la clase más grande (lo cual ya era mucho decir); su tripulación orgánica (seres vivos) estable era de veinte mil miembros, número que se triplicaba al estar en acción de guerra como en ese momento; los tripulantes no orgánicos alcanzaban a otros quince mil. El total de tripulantes que albergaba el “Temerario en momentos previos al salto era de casi setenta y seis mil miembros, haciendo un recuento meticuloso.
A su alrededor se iban agrupando los demás componentes de la flota, a la espera de la formación definitiva que los llevaría al otro lado de la galaxia, a las puertas de Saurise y de los otros dos sistemas. El “Temerariolideraría la fuerza de tareas dirigida a Saurise; otro acorazado de menor tamaño el “NLO Aventurero” actuaría como insignia de la Flota que atacaría Xsartys y Tud-Dommne.
Cuando el último navío se unió al grupo, se dio comienzo a un minucioso control de supervisión por parte del comando que dirigiría las acciones de guerra, administrando el movimiento de las fuerzas y determinando los tiempos de acción de las mismas. Una vez que todo estuvo en orden, Kensheere tomó asiento en el lugar del comandante en el puente de mando del “Temerario” y pasó revista al lugar, según era la tradición antes de emprender una campaña como la que iba a enfrentar. Cuando todos sus oficiales de mando dieron el visto bueno reportando la operatividad de los distintos sectores a su cargo, Kensheere se dirigió a su primer oficial para dar la orden de despliegue.
- Número uno, ¿tenemos a la flota en condición de despliegue?
- Afirmativo, señor. Estamos en condiciones de iniciar la división de la fuerza y programar el salto.
- Recibido, Número uno. Número dos, ¿está listo para el salto?
- Listo, señor, a la espera de su orden.
- Pues ejecuten dispersión. Número uno, ordene al comando central que comience la división de fuerzas.
- División de fuerzas, sí, señor. Comunicando.
- Número dos. Inicie programación de salto y coordine con el comando el momento para efectuarlo.
- Programación de salto iniciando, señor. Se establece contacto con el comando, señor. A la orden.
Las ordenes fueron corriendo por la cadena de mandos y al instante una frenética y a la vez prolija actividad se desató en el puente de mando y en los sectores periféricos desde los que se controlaban las funciones del navío y las comunicaciones con los demás elementos de control. En el espacio, las naves comenzaron a tomar distancia unas de otras dibujando lentamente dos grupos compactos, y armaron una formación a lo largo que permitiría ir haciendo el salto una a una sin peligro de colisión.
Les llevó menos tiempo del que pensaban completar la agrupación y, cuando ésta terminó, se radió la orden de salto de inmediato.
Cada grupo fue tomando velocidad, separándose del otro y cuando estuvieron a una distancia segura, las naves cobraron rápido movimiento hacia delante, provocando remolinos de luz y estática al alcanzar el punto de aceleración que las proyectaba a una brecha abierta en el hiperespacio. Los estallidos de luz se sucedieron unos a otros en rápida  sucesión. Las últimas naves en saltar debieron echar mano a programas de estabilización, a través de los computadores de abordo, debido a la turbulencia causada por la estela que cada una dejaba detrás de sí al dejar vacío de golpe el lugar que antes ocupaba.
Momentos después una gigantesca nube, formada por descargas estáticas y gases remanentes, de color ámbar azulada, quedaba en el vasto lugar que la flota había ocupado; lentamente el espacio circundante fue retomando su equilibrio molecular y, para cuando las primeras formaciones aparecieron donde los programadores habían pronosticado, los rastros del salto se habían esfumado por completo.




Saurise


T´Hur era uno de los únicos dos planetas que conformaban el Sistema Saurise. Su geoestructura estaba conformada por seis grandes continentes y vastos mares que se veían claros y contrastantes, de un color azul brillante y oscuro, desde la órbita cercana. Las tierras alternaban grandes planicies de un verde intenso con altas tierras que se elevaban, a veces suave, otras  bruscamente, cerca de las costas para caer sobre el mar en forma de acantilados imponentes.
Su clima variaba con una cadencia que los habitantes ya conocían a la perfección; períodos de sol y cielos despejados, seguidos de temporadas de cielos cubiertos de gruesos nubarrones arrastrando baterías de tormentas, para terminar en largas jornadas de lluvias intensas que precedían a la estación de sol y viento para que el ciclo milenario volviera a comenzar.
El planeta se dividía en ocho comarcas; la llamada Comarca de las Tierras Altas era una de las dos más extensas y ocupaba un territorio que abarcaba tanto mares (tres: al sur, este y oeste) como tierras, al norte. La región de las Tierras Escarpadas albergaba la ciudad fortaleza de Wescren, sede del gobierno de la comarca bajo el control de Lord Rivan, en medio de  una extensa llanura rodeada de tierras altas que protegían el lugar de los fuertes vientos marinos, provenientes de sur, y de las heladas ráfagas del norte, nacidas en la precordillera tras la cual comenzaban los territorios de Sejend, la comarca vecina.
Las primeras naves que aparecieron en la periferia de la órbita exterior del sistema fueron tres portanaves y diez destructores de escolta, que comenzaron a hacerse cargo de los pocos sistemas de vigilancia autónomos, borrándolos del espacio con certeras descargas de sus cañones secundarios. Los portanaves se desplegaron lo suficiente como para que sus áreas de despliegue no se superpusieran y empezaron a despachar escuadrones de ataque desde sus pistas de lanzamiento interiores. En breves momentos, enjambres de veloces aviones de combate se precipitaron hacia las fronteras del sistema e invadieron su espacio interior sin encontrar resistencia. Eligieron T´Hur como primer blanco, por concentrar allí la mayor organización de defensa del sistema. Cuando las redes de alerta temprana comenzaron a funcionar, la fuerza invasora ya había penetrado la órbita de Ayles, el otro planeta del sistema, y sus centros de comunicación estaban bajo ataque. Dos certeras pasadas fueron suficientes para diezmar la red primaria y permitir a los aviones concentrarse en objetivos específicos, previamente seleccionados.



Xsartys, Tud-Dommne


Aproximadamente ciento treinta ciclos planetarios atrás, Xsartys era un sistema que nucleaba en un solo esquema los seis planetas que actualmente formaban el propio Xsartys y Tud-Dommne. La explosión de una estrella lejana al sistema, pero con una precisa y compleja influencia gravitatoria originada en fuertes flujos de circulación de energía plasmática, determinó que un agujero negro se formara forzando los regímenes gravitacionales del sector. La consecuencia fue un reordenamiento de los cuerpos celestes que aún en la actualidad continuaba; este reordenamiento determinaba una derivación de los cuerpos en dirección al agujero y si bien el movimiento llevaría unos mil ciclos más para completarse, lo específico decía que tanto uno como otro sistema estaban condenados a desaparecer. El resultado inmediato había sido la separación cada vez más marcada de un grupo de tres planetas de los otros tres; a tal punto que poco después de iniciado el proceso, la división  territorial determinó la creación de un nuevo sistema denominado Tud-Dommne. A pesar del cambio, tanto la estructura física como las razas que los poblaban y el gobierno que los regía, determinaban que ambos sistemas eran gemelos.
Vistos desde el espacio, los planetas mostraban superficies cubiertas en partes iguales de grandes masas de agua y millares de islas de distintos tamaños formando extensos archipiélagos. El clima era cálido y no variaba casi nada a lo largo del tiempo; solo de vez en cuando una tormenta agitaba sus calmas y cálidas aguas y producía en las corrientes alguna alteración de poca importancia.
Los habitantes de ambos sistemas mantenían su cultura enmarcada en  un ritmo que poco había variado desde que aparecieron como etnia largo tiempo atrás. Eran amantes de las tradiciones y las viejas formas de vida, establecidas en tiempos en que la tecnología aún no había acelerado el proceso de desarrollo y desintegración de tantas sociedades; por lo tanto, trataban de mantenerse fieles a una forma que les dejaba mas cerca de sus orígenes que del futuro. Pero eso no los atormentaba. Se mantenían ajenos a los avatares de otras culturas y se relacionaban con el entorno de la forma más básica posible.
Justamente este criterio fue lo que determinó el curso de los acontecimientos posteriores a la aparición de una pequeña fuerza que ostentaba el símbolo de las Legiones de la Inmensa Oscuridad. Los navíos habían salido del hiperespacio lejos de los sistemas, navegando tranquilos por el espacio el último trayecto que los dejaba a las puertas de Tud-Dommne. El azar comenzó a jugar en contra de la fuerza invasora cuando un navío de comercio detectó los movimientos de un grupo inusual de naves en la zona.
Amenazados permanentemente por piratas y cazadores de recompensas, que navegaban esperando oportunidades de pillaje, los hontties (ambos sistemas eran habitados por etnias de raza hontt) se veían obligados a ceder en sus preferencias culturales acerca del uso de tecnología, a cambio de obtener mayor seguridad para sus transportes, y debieron equipar a los mismos con poderosos sistemas de detección que aseguraban evitar desagradables sorpresas. Estos sistemas permitían a los transportes vigilar el espacio circundante, mucho mejor que cualquier nave utilizada por la piratería. Por lo tanto, nadie podía acercarse sin ser detectado a tiempo para tomar precauciones.
El capitán del mercante registró la lectura que los instrumentos le ofrecieron y la encriptó, transmitiéndola por los canales de alta velocidad disponibles en los equipos. La señal alcanzó la red de comunicación interna del sistema mucho antes de que la fuerza de invasión entrara en la órbita exterior del sistema. La armada honttie era una fuerza militar modesta pero muy bien pertrechada gracias a que contaba con excelentes recursos comerciales, lo cual se traducía en equipamiento e instrucción de primera clase. Era obvio que no podrían evitar una acción de envergadura en su contra, pero siguiendo el adiestramiento aprendido de aquellos que poseían mejor experiencia, seguramente evadirían mucho mejor cualquier situación de peligro.
Las únicas dos estaciones de vigilancia que tenían, posaron sobre la formación que se acercaba la mayor cantidad de instrumentos posibles, evitando a su vez ser descubiertos. Cuando, de acuerdo al curso que seguían, las intenciones se hicieron evidentes, los responsables de mando tuvieron la feliz precaución de irradiar una señal codificada para poder ser captada por una de tantas estaciones de rastreo que el Imperio tenía diseminadas por la zona.
Acto seguido, se dispuso acechar al enemigo esperando que diera el primer paso. Como en las guerras primitivas que antiguamente los hontties libraban, no sería la tecnología su carta de triunfo; utilizarían la astucia, la sorpresa y el conocimiento del medio para plantarle lucha a los Oscuros.


NCS - Sulus, nave de transporte de la Casa Smithsak
Fuera de los límites de Paxthis


Abordar las naves que los trasladarían de Paxthis a T´Hur demandó mucho más tiempo del que Alak había calculado, por lo cual al momento de emprender el viaje se sentía molesto, además de inquieto. Gastó toda la energía que pudo recorriendo las instalaciones y supervisando todo lo que pudo, antes de retornar al puente de mando y hablar con su capitán acerca del tipo de viaje que tenían por delante. “Planificar y dejar correr” había dicho el capitán del “Sulus”; tal era la descripción de aquellos viajes que se hacían casi por remoto. Una vez planificada la ruta de vuelo y asignadas las guardias rotativas de los navegantes, pilotos y oficiales de servicio, solo quedaba vigilar y dejar correr, como decía el capitán.
“Fantástico” pensó Smithsak “Voy a morir de inactividad en cualquier momento”.
Pero antes de que se acomodara a la idea Haffez y Apoth entraron en el puente de mando pidiéndole que se reuniera con ellos. Ambos lo miraban fijo con los rostros levemente tensos. Aunque trataban de disimular frente al resto de la tripulación, Smithsak tomó nota de la engañosa actitud de serenidad que adoptaba el armero cuando algo no andaba bien, así cómo de la rigidez de los músculos de la mandíbula en el otro viejo camarada.
Salieron al pasillo y desaparecieron por los corredores caminando con paso enérgico hasta que pudieron encerrarse en el camarote privado del capitán.
- ¿Qué hay ahora? Díganlo rápido por favor, no creo soportar mucho más esta situación de nada absoluta.
Los otros se miraron. Apoth entendió qué, por una cuestión de cercanía afectiva, era Haffez a quien le correspondía hablar. Los ojos claros del armero de piel morena se hallaban serenos cuando los enfocó directo a los de su Señor.
- Tropas Oscuras han entrado en Saurise y en Xsartys y en Tud-Dommne, los sistemas gemelos.
- ¿Qué? Los ojos de Smithsak adquirieron la dureza del acero y su ceño se frunció de repente.
- Invasión – anunció Apoth mientras extraía un reproductor holográfico de entre sus ropas y lo ponía sobre la mesa.
- Esto llegó directo al equipo de comunicación de campaña. Nadie a bordo sabe nada todavía.
Lo conectó y se retiró cruzándose de brazos dispuesto a escuchar por segunda vez el mensaje del jefe de la Guardia Personal de Lord Smithsak.
El oficial se corporizó en una figura del tamaño de una botella y comenzó a hablar fijando la vista en algún punto detrás de los espectadores.
- Este es un mensaje para el Comandante Smithsak directamente radiado por Lord Smithsak. Estamos siendo invadidos por Legiones de la Inmensa Oscuridad. El avance de las tropas es total; hemos sido sometidos a bombardeos y se espera el desembarco de tropas de un momento a otro- el hombre hablaba con urgencia, sabiendo que el mensaje podía cortarse en cualquier momento.
- Las comunicaciones han sido bloqueadas y el planeta está aislado. No sabemos que pasa en las demás comarcas, pero suponemos que están en situación similar a la nuestra. Por orden directa de Lord Smithsak, usted deberá dirigirse a Xsartys y colaborar allá con lo que pueda para evitar el ingreso de Tropas Oscuras al sistema. Es todo lo que hay para decir. Si es posible, volveremos a contactarnos. El mismo mensaje intentará ser enviado a la Flota Imperial para que acuda en nuestra ayuda- el hombre se quedó de repente en silencio mirando fijo al artefacto que grababa su mensaje sin saber que decir, el rostro con expresión ausente debido a la confusión o tal vez el miedo. Luego volvió en sí y cerró la comunicación- Fin del mensaje, y que El Creador nos permita ver la Luz - la imagen se diluyó tras una breve descarga de estática.
- Mi padre tenía razón. Algo se estaba planeando - rezongó Alak llevándose ambas manos a la cabeza, echando hacia atrás la corta melena negra dividida en dos - La pregunta es que hacer ahora.
- Debemos poner proa a los gemelos sin pérdida de tiempo, es lo primero- terció Haffez.
- Sí. Debemos comunicar esto al capitán. Si las comunicaciones están siendo controladas, debemos suponer que esto es solo la antesala de un movimiento mucho más importante.
- Van a ir sobre Onseron. No cabe duda de ello- sentenció Apoth.
- O sea que estamos en medio del estallido tan temido.
- Eso parece.
- Tahr, reúnete sin pérdida de tiempo con Insis y Nkay. Hagan un recuento minucioso de lo que disponemos en cuanto a hombres y equipo. Necesito saber al detalle con qué contamos y con qué no, para decidir cual será la mejor manera de obrar al llegar a los gemelos.
- Voy en camino - salió de inmediato con la capa flotando tras sus pasos.
- Tenemos que hablar con el capitán. Debemos cambiar el curso hacia Tud-Dommne de inmediato. En el camino pensaremos qué curso de acción vamos a tomar.
Apoth asintió y siguió a su comandante al encuentro del capitán de la nave. La inactividad se había acabado.










Todo el material aquí volcado es de propiedad intelectual del autor, Marcelo Branda, y esta resguardado por el correspondiente registro en el Registro Nacional de la Propiedad Intelectual de la República Argentina.

martes, 20 de marzo de 2012

Cine / Opinión... Quantum of Solace – (Parte 1)


Quantum of Solace – (Parte 1)

Bond obtiene su documento de identidad.

 (Nota publicada originalmente para www.archivo007.com en diciembre de 2009)

De lo general a lo particular


Después de dos semanas leyendo las más variadas y dispares críticas acerca de la nueva película Bond “Quantum of Solace”, por estos días pude por fin analizarla con ojos propios.
Como me gusta en general escribir, en particular hablar de cine y en lo específico sumergirme en el Mundo Bond, aviso que la extensión de la crítica será notable. Trataré de abordarla de una manera ordenada en lo posible, pero no puedo prometer nada. Quienes son consumidos por algún tipo de pasión saben que una vez lanzados a su ruedo las cosas terminan saliendo más de panza que por razón. Así que a disfrutar más y a pensar menos; hemos esperado tanto este estreno (y lo que habrá que dejar pasar hasta el siguiente) que solo dejaré de escribir cuando me sienta satisfecho. Espero que ustedes disfruten tanto como yo de hablar del tema que más nos gusta: del buen Bond, James Bond.
En líneas generales, mi opinión respecto al filme está repartida respecto de las críticas que he leído. Digamos que en un cincuenta por ciento estoy de acuerdo con lo que elogian y con lo que critican y en el otro cincuenta no. Me dí cuenta además, que ésta película no me generó el mismo efecto que las demás, las que religiosamente he presenciado en el día de su estreno o lo más cerca posible de él. Esto no significa que no haya sido de mi agrado. Lo fue, absolutamente. Aunque reconozca que me llegó diferente a partir de ser conciente de que algo está cambiando en el Mundo Bond.
Decididamente estamos frente a la mutación más importante en la historia de la saga y eso no es gratis ni fácil, sobre todo si aún en el cambio se quiere seguir siendo fiel a ciertos códigos.
Como debe ser, en todo proceso que se precie de serio, para hacer el paso prolijo e indoloro la cosa debe ir por etapas. Hasta ahora, las vueltas de tuerca dadas en éste, son correctas, justas. Y coincido con los productores cuando hablan de tomarse su tiempo para pensar y arrancar con Bond 23 dentro de unos meses. De seguro alcanzarán a llegar bien de tiempo para volver por los fueros en noviembre de 2010; pero con calma.
Además habrá que ver varias veces “Quantum” para terminar de digerir el nuevo aspecto, el nuevo formato en el que ahora (y a partir de “Casino”) vamos a consumir el Mundo Bond y a su Primer Ciudadano. Así que a ajustarse los cinturones que el tren arranca. Y este no es el Expreso de Oriente. Empezaremos a descender en espiral para primero poder observar el conjunto y luego prestar atención a los detalles.

Lo general

Sin poder con mi genio, el primer análisis del filme lo empecé a hacer ni bien inicié el camino de regreso a casa. Me plantee un rápido ping-pong de preguntas y respuestas a fin de ver que era lo primero que me venía a la mente, que me surgía; que opiniones instantáneas, viscerales, aparecían sin el filtro de racionalidad y lógica que vendría después. Y salieron éstas:

¿Me gustó la película?

SI.
SI.
¿Me conformó?
SI.

¿Cuál fue la primera impresión al terminar de verla?
Tuve que recordarme en algunos momentos que estaba viendo un filme Bond.

¿Volvería a verla?
Obvio, varias veces.

¿Qué suma más, puntos flojos o fuertes?
Fuertes. A favor de hacer más sólida la historia de fondo. El traspaso. Bond cambia de manos y la transición se está haciendo de manera adecuadafirme.

¿Cuántos puntos flojos o críticas puntuales tengo para señalar?
Tres o cuatro, a primera vista y en el primer vistazo, en lo grueso.

¿Craig?
Bien. Deberá dejar de ser tan estático en lo gestual. Para la primera estuvo bien. Para la segunda, es suficiente. Un poco más de expresividad demostrará que está vivo. De lo contrario Bond quedará solo en una máscara sin personalidad detrás, sin vida.

¿Villano?
Neutro. Parece despegar en algún momento, pero no termina de hacerlo. Hasta me cuesta recordar su nombre.

¿El matón del villano?
NO EXISTE. ¿Qué quisieron proponer con ese payaso? Una falta de respeto. De él sí, ni registré su nombre.

¿La chica Bond?
Camille no suma ni resta. No le alcanza el mohín o la mirada gatuna. A más de estas laderas, más grande se hacen Ursula, Bárbara o Pussy.
Fields me resultó interesante, lástima que dura lo que un suspiro. Ahí había tela para cortar.

¿La historia?
Bien. Si dejaran la cámara un poco más quieta y fueran menos ambiciosos al momento de retorcer el guión, todo se disfrutaría más. Para quien conoce el universo Bond, en un punto hay que recordar tras qué vamos. Imagínense lo que ocurre con el que se inicia.

Esto es lo general, en la siguiente parte de la nota vendrá la disección de la película.

lunes, 19 de marzo de 2012

Novelas del Autor / Crónicas de La Órden de La Luz



Capítulo 3



Paxthis...

Las diferencias entre los distintos modelos de reproductores holográficos que se comercializaban en cualquier estrato o segmento de la población, eran ínfimas; por eso Alak se disponía a hablar con Lord Rivan a través de un aparto casi igual que el que había comunicado a Roge Kensheere con el Sumo Sacerdote Balafón.
Alak se sentía inquieto si hablaba frente al artefacto sentado, prefería moverse. Por eso los técnicos debían prestar mayor atención al fijar la señal, a fin de que la transmisión fuera correctamente hecha.
La figura del Señor de T´Hur se corporizó de repente frente a él, tomando un tamaño casi idéntico al real; Lord Rivan se hallaba sentado en su estudio, en el lugar habitual que ocupaba el equipo de transmisión, cerca del gran ventanal que mostraba los jardines interiores del palacio. Alak notó al instante que su padre mostraba la postura que adoptaba cuando algo le preocupaba de manera especial.
- Padre – saludó al ver la imagen, y se inclinó respetuoso.
- Hijo, me alegra verte bien. Tu madre te envía su amor.
- Y yo el mío, padre. Estamos prontos a partir hacia allí, supongo que mañana, antes del atardecer, estaré en castillo.
- Me alegro que así sea – expresó Lord Rivan circunspecto – cada vez se hace más urgente este cónclave.
- ¿Ha ocurrido algo nuevo?
- No. Por ahora. Pero tengo un mal presentimiento. Estaré más tranquilo cuando se decida un curso de acción de acuerdo a las necesidades del reino. Los informes que se reciben no muestran distensión.
- ¿Quién recaba información?.
- Sir Onker Moo está a cargo de la información referida a movimientos de vigilancia.
- Debes estar tranquilo entonces padre. Sir Onker es un veterano conocedor de las artes del engaño en la guerra. Si algo se está tramando, él lo descubrirá.
- No estoy tan seguro, hijo mío. Pero dime, que resultados obtuviste tu.
- Excelentes. Todos los que convocaste están listos para embarcar hacia allá mañana, como nosotros. Estoy seguro de que lograremos un importante frente para actuar apoyando al Rey.
- Que así sea. Alak, la urgencia está puesta en llegar aquí lo antes posible ¿lo comprendes?. No hay tiempo que perder.
- Lo entiendo padre. Haremos lo imposible por estar allá lo más rápido que podamos. Cada Señor que me acompaña está de acuerdo en apoyar la moción de ocuparse de la tutela de regiones del Imperio que se hallan descuidadas. Es obvio que no podrán planteárselo así al enviado real, pero la voluntad es firme, más allá de las formas.
- Sí. Eso es lo que necesitamos. Nuestros gobernantes están un tanto distraídos. No lo comprendo, pero es así.
Por un momento Alak estuvo a punto de preguntar por Lord Harrot y comentar el cruce que habían tenido con los Tai. Era una buena oportunidad de aclarar el hecho consultando a su padre si había participado de la reunión al representante del emblema pardo; al instante decidió que no era buena idea y lo dejó pasar apartándolo de su mente.
- Padre, mañana todo tendrá una forma distinta cuando se pueda abordar el tema; hasta ahí no nos queda mucho por hacer.
- Tienes razón. Comenta con los hombres esto que te he confiado. Tengo necesidad de escuchar aportes de ideas fuera de mi consejo. No sé por que siento que no hablamos de lo mismo.
Alak sonrió y sacudió la cabeza. Su padre mantenía todavía el empuje que lo ponía a la cabeza de sus hombres tanto tiempo atrás, aún antes de él nacer.
- Es porque tu quieres estar siempre delante de los acontecimientos y a algunos se les hace difícil seguirte, Lord Rivan.
- Voy a dejar de hablar antes de que deba escuchar un sermón a manos de mi heredero.
- Es una sabia decisión, señor. Te veré mañana; dale un abrazo a mi madre.
- Lo haré hijo. Nuestro corazón está contigo.
Alak alzó la palma a modo de saludo y se despidió de su padre. Esa fue la ultima vez que habló con él y que lo vio en su  vida.



Zin-Haye...

El refugio hasta el que llegó el Sumo Sacerdote Balafón se hallaba oculto en una zona alejada y deshabitada del planeta donde reinaba la vida salvaje. No era la idea ocultarse de nadie en particular, ningún ser viviente podía ser tan insano mentalmente como para arriesgarse a meterse en una zona así. Aunque tuviera un motivo.
Era simplemente una razón práctica la que lo ubicaba ahí: gobernaba absolutamente sobre el lugar sin ningún contratiempo; obedecían a los designios del señor de la región bestias, fuerzas naturales y máquinas; nada escapaba a su voluntad allí.
Balafón viajó por tierra en un vehículo particular hasta un punto en el que la geografía comenzaba a mostrar un panorama poco alentador y a partir de ahí cambió de transporte, pasando a una plataforma de vuelo bajo que lo adentró en un ambiente selvático y montañoso. El vehículo se desplazó a velocidad moderada por senderos pre marcados, ocultos por el denso follaje que cubría el lugar como un techo. Hubiese sido imposible transitar por allí por medios propios sin extraviarse y quedar a merced de la naturaleza.
Al llegar a destino, la plataforma se detuvo y posó su pesada estructura sobre trenes de aterrizaje que se desplegaron entre siseos y bufidos. Dos puertas se desplegaron arriba y abajo como la boca de un enorme caimán y una explanada conectó el interior de la nave con el suelo húmedo, a las puertas de una construcción excavada directamente en la roca.
La pared de piedra se perdía más allá del follaje, muy alto sobre la cabeza del Alto Maestre; pocos lugares se podían percibir tal lúgubres como aquel, que helaría la sangre de cualquiera que lo viese. Pero Balafón había estado allí antes y no se amilanó, por el contrario su negro espíritu descansó en la tranquilidad de estar de éste y no del otro lado en estos tiempos que corrían.
Avanzó con paso firme por un pasillo ganado por esqueléticas ramas muertas, tallos de alguna frondosa trepadora en otros tiempos, e iluminado por tazas que contenían líquido inflamado. El lugar estaba desierto y solo sus pasos acompañaban su marcha. Atravesó un portal doble e ingresó a un patio interno, rodeado por altas murallas de un color gris azulado rematadas en algunas torres; al otro lado se paró frente a las grandes puertas que daban paso al interior de la fortaleza. Hincó en tierra una rodilla (la izquierda) y agachó la cabeza en señal de respeto. Alzó la diestra con la palma de frente a las puertas y la desplazó con un suave movimiento, como si descorriera un velo invisible frente a él... y las puertas retrocedieron en la oscuridad del lugar dándole paso.
Se incorporó y entró en el frío y húmedo refugio con paso firme; echó hacia atrás su capa y movió los brazos abrazando el lugar de forma simbólica: interminables conjuntos de tazas colgantes se encendieron y el fuego iluminó hasta lo más recóndito de la gigantesca construcción, mezcla de castillo y catedral, donde las proporciones de todo eran, por lo menos, tres veces más grandes que las que corresponderían a habitantes humanos.
Torres y escaleras se perdían en las oscuras alturas; las paredes eran irregulares en su superficie, sin llegar a percibirse un solo lugar liso. No había forma de saber si aquello había sido construido en piedra o con piedra. Todo formaba un conjunto simbiótico: el lugar, el material de construcción y la roca que lo abrazaba.
Cientos de salientes como balcones se veían hasta donde la vista alcanzaba; lo mismo ocurría con huecos oscuros que semejaban una colmena gigantesca. El centro de la sala mostraba un complicado dibujo armado con minúsculas piezas de cerámica, cuya forma y significado Balafón desconocía. Y sobre el dibujo, en el techo de la estancia, un hueco enorme (el más grande de todos los huecos que había en el lugar) se abría paso por entre las entrañas de la construcción y trepaba alto y lejos como una chimenea, rematada en una abertura a través de la cual se podía ver el cielo nocturno.
Balafón esperó tranquilo y de pié en medio del salón vacío y cubierto de polvo. Comenzaba a acostumbrarse a los ecos del lugar cuando un rechinar se oyó por encima de cualquier otro sonido casual de las entrañas del edificio. Lozas del piso se removieron y abrieron un espacio hueco del que emergió una figura cubierta por túnicas de color rojo intenso, tocado por una capucha que ocultaba sus facciones. Iba sentada en un trono tallado en piedra, cubierto de bajorrelieves imposibles de distinguir individualmente; en su conjunto, el trono parecía tener vida propia, como si estuviese acunando a la figura en sus brazos.
Balafón repitió la inclinación hecha a la entrada; esta vez esperó paciente a que le indicasen que podía levantarse.
La figura levantó las manos delgadas y esqueléticas como garras de los apoyabrazos de piedra y echó hacia atrás la capucha que ocultaba su cabeza.
La piel amarillenta y las protuberancias adosadas a ella fueron lo primero en verse. El ser se incorporó y sus ojos brillaron como gemas contra la luz amortiguada del fuego que brillaba alrededor.
- Levántate, sicario. Estas sirviendo bien a tu Amo.
Balafón hizo lo que se le ordenaba, pero no miró al Prime Sire.
- Mírame y dime lo que quiero escuchar.
- A tus órdenes, Amo. Todo está listo, tal como lo pediste, Señor.
- ¿El humano cree que va a verme?.
- Sí, Amo.
- Bien. Deja que se acerque.
La voz era profunda y clara, fuerte para la presencia que el ser tenía y que parecía engañosamente frágil y senil.
- No vamos a requerir de sus servicios por mucho más.
- Sí, Amo.
- Dependerá de cómo sirva a su Amo, el que obtenga alguna recompensa. Tu te unirás a mí.
- Sí, Amo.
- Nos haremos dueños de las fuerzas y empezará el reinado.
- Sí, Amo.
- Quiero saber el momento preciso  en el que el humano va a moverse.
- Sí, Amo.
- Le liberaré el camino para poder conquistar más rápido.
- Sí, Amo.
- Después vendrá la verdadera conquista.
- Sí, Amo.
- Avanzaremos sobre la Luz, tomaremos sus dominios, poseeremos a sus súbditos. Son débiles; lo percibo. Su fe flaquea, sucumbirán a la fuerza de la corrupción. Sus lugares sagrados me pertenecerán. Todo se irá fundiendo en una sola cosa: oscuridad.
- Sí, Amo.
- Y existiremos para siempre. Seremos lo único que exista. Este plano dejará de pertenecer a los mortales, en cualquiera de sus formas.  El Creador se equivocó; sus criaturas son imperfectas. Y el precio que se pagará por ello es mi deseo. El deseo de regir la supremacía de lo oscuro en todo y sobre todo.
Posó su vista sobre el Sumo Sacerdote y lo señaló con un huesudo dedo.
- Libera ahora las fuerzas del humano. Dales poder para que avancen y luego únete a mí para hacer grande la causa.
- Sí, Amo.
Y Balafón procedió a hacer lo que se le había ordenado.


Kerkeden – 2° planeta del Sistema Pharam

Había que remontar un largo camino de ascenso para llegar al lugar llamado Kyomi. La región en la que se ubicaba era una de las más inclementes del planeta, cerca del anillo central del mismo, donde los rayos del único y enorme sol que regía el sistema caían a plomo en cualquier época del ciclo orbital.
Encontrar el camino que llevaba a Kyomi era de por sí difícil en medio de aquel laberinto de montes, acantilados, gargantas y mesetas con las que se encontraba el viajero, luego de atravesar un desierto plano como una hoja donde no había nada. Nada en el sentido literal de la palabra. Los pocos animales salvajes que habitaban los alrededores cumplían movimientos migratorios que les llevaban el triple de tiempo cubrir para desviarse al norte y no tener que atravesar el desierto. Aquel que se atrevía a cruzarlo en otra cosa que no fuese un vehículo rápido, se condenaba a muerte a sí mismo.
Luego de una interminable alfombra de color naranja, las primeras elevaciones aparecían como una enorme construcción natural que abarcaba una vasta superficie en esa parte del planeta. En su interior había armado un microcosmos de vida propia. Algunos pueblos nómades, que no habían podido asimilarse a las distintas culturas que fueron pasando por el planeta, vagaban por el territorio con sus animales procurándose elementos básicos de subsistencia.
Los moradores estables del lugar, una raza alienígena que no tenía contacto alguno con otras etnias, llamada Battashavva, obtenía sus recursos de los minerales del planeta. Esto era algo conjeturado basándose en datos vagos aportados por alguna fuerza expedicionaria que los había observado a la distancia. Aunque otros también eran moradores estables; en número mucho menor que los battashavvas, y de condición humana.
Casi en el centro geográfico de la extensa región se ubicaba Kyomi; una meseta enclavada a una altura considerable sobre el nivel del suelo, que desalentaba su exploración a cualquiera, debido a sus complicados y duros senderos, difíciles de transitar y más difíciles aún de descifrar.
La construcción que se ubicaba en un rincón de la meseta solo podía ser vista desde el aire; se hallaba oculta en una especie de hondonada natural y se llegaba a ella a través de un pasaje abierto en la roca. Nadie sabía como ni cuando había sido construida. Solo que se hallaba allí desde siempre, como una parte más del inhóspito paisaje.
Su cuerpo principal era cuadrado y muy alto. Sobre este primer cuerpo se montaban otros tres, cada uno más bajo y de menor superficie, conformando una estructura de torre. Al frente, una larga escalera apuntaba desde el suelo hasta casi la altura de su primer terraza, terminando en un pórtico de entrada compuesto por una torre rematada por una cúpula y unas normes puertas dobles que siempre se hallaban cerradas.
Del lateral de la torre otra escalera, amplia y de piedra como la frontal, se elevaba adosada a la pared hasta terminar su recorrido contra el suelo de la meseta, en uno de los ángulos del cuadrado principal. De manera inteligente, la construcción no era más que la entrada a una serie de laberínticos pasajes que, en la mayoría de los casos, solo conducían a trampas mortales y encierros de los que salir resultaría improbable. Solo unos pocos pasillos, conocidos por los que allí vivían, eran los que llevaban a los lugares propios de la morada de los monjes, a kilómetros de distancia.
Los monjes eran siete, un Hermano Guía y seis Hermanos Guardianes; todos vivían allí recluidos y, ocasionalmente, si las circunstancias así lo requerían, abandonaban el lugar para mezclarse con alguna raza o etnia en cualquier lugar de la galaxia. Un par eran los más jóvenes, otros tres tenían una edad indefinida oculta tras ojos de miradas cansadas y largas melenas y barbas. Los dos restantes eran los más ancianos, con los cabellos plateados por el tiempo y los rostros surcados por miles de arrugas.
Ambos se hallaban en una de las cámaras interiores de Templo; una de las más importantes, la que guardaba el Libro Sagrado legado por El Creador a su pueblo en tiempos de los orígenes de la vida. Ambos hermanos habían desarrollado la capacidad de leer e interpretar las Escrituras hacía ya tiempo, y en ese momento llevaban encerrados en la cámara varios días, retirados en oración, esperando una revelación.
Según pasajes del Libro Sagrado, cuyo contenido era un detalle preciso del curso de los acontecimientos de la vida en el universo, hacía ya eones que la evolución había cambiado de rumbo hacia lo que se describía como “... un período de limbo antes de la definición de un nuevo nacimiento...”, aparentemente una época de cambios profundos en los cuales el destino de Los Que Siguen La Ley estaba en juego.
La estancia estaba alumbrada por lámparas de aceite que desprendían un suave perfume a bosque y hierba, en círculo se disponían unas especies de taburetes sin patas, apenas despegados del piso, donde había que cruzar las piernas para sentarse. En el centro del círculo, un arcón de madera enorme, tallado con delicadeza y ornamentado con filigranas de cerámicas de colores, guardaba en su interior el preciado objeto. Los Hermanos se hallaban uno frente a otro, los ojos cerrados, las manos apoyadas en el regazo, las espaldas rectas, los rasgos relajados, sin un síntoma de tensión a pesar de llevar largo tiempo en esa postura. Dass Kaffee era el mayor de ambos y quien ostentaba el honor de haber sido nombrado Hermano Guía, el de rango más elevado entre los siete; Sai Kermomme, era el Hermano Guardián que seguía a Kaffee en edad y jerarquía. Por ser el mayor del resto de los hermanos, su responsabilidad lo ponía justo un escalón por debajo de Kaffee.
Los dos abrieron los ojos al mismo tiempo y sus miradas se cruzaron sin mediar palabra.
“¿Viste lo mismo que yo?” Preguntó Kaffee con el pensamiento.
“Sí” respondió Kermomme de igual manera.
“¿Significa esto que el inicio de la profecía está cerca?” 
“Más que cerca, diría que es inminente”.
“La cámara debe ser abierta. Ahí está la respuesta a los tiempos que vendrán”.
“Sí. Así lo he visto también”.
“Debemos hacerlo ahora mismo”.
Ambos se levantaron al mismo tiempo y salieron del recinto portando una lámpara que les proveyó luz para el camino. Se adentraron por un pasillo que les obligaba a andar en fila, tan estrecho era que no tenían lugar para ir codo a codo.
Sus hábitos de color marrón oscuro parecían flotar detrás de ellos y las sandalias de cuero y suela raspaban el suelo de piedra, arrancándole leves sonidos. El sistema de ventilación natural que formaban los corredores les echaba hacia atrás las capuchas a la vez que les brindaba aire fresco en los rostros.
Caminaron sin bajar la marcha pasando por distintos lugares del monasterio, algunos abiertos en forma de amplias salas, otros cerrados y ocultos. Bajaron un par de niveles y llegaron al final de una larga escalera en bajada que los dejó frente a una puerta ornamentada con un extraño símbolo. La puerta era de piedra y se hallaba incrustada contra la roca; muchas veces habían llegado hasta allí como parte de la rutina que les llevaba a controlar todos los lugares del monasterio, pero jamás se habían detenido a observar como la puerta se desprendería de su marco para abrirse. Ni siquiera se les había pasado por la mente la posibilidad de que aquello ocurriese. Era evidente que estaban en las postrimerías de algo importante. Algo temerosamente importante. Esa cámara se había sellado en algún momento de la historia, muy antigua y muy profunda, con el objeto de guardar algo que sería utilizado solo cuando el Curso de los Acontecimientos torciera su rumbo. Y ese momento había llegado. El Curso de los Acontecimientos estaba por dar un giro y lo que estaba tras esa puerta podía determinar hacia qué lado iba a girar: La Luz o La Oscuridad.
Los monjes se miraron y Kermomme asintió, como dándole fuerzas a su hermano para que procediera. Kaffee se acercó y examinó la puerta con más atención. Si hubiese querido abarcarla con los brazos extendidos no le habrían alcanzado; además del símbolo que se grababa en el centro de ella, todo el resto de la superficie se hallaba cubierta de bajorrelieves que dibujaban intrincadas formas. Detectó una en particular que tenía la forma de una mano humana. Con sorpresa noto que parecía haber sido tallada usando su propia diestra como molde, porque el calce era perfecto. Miró a Kermomme sorprendido, quien le devolvió la misma mirada, mezcla de miedo y sorpresa. Kaffee hundió la mano en el molde y una luminiscencia amarilla e intensa se desprendió de la cavidad, por detrás de su mano. Acto seguido, toda la puerta retrocedió con un bufido, mientras polvo y piedra caían de las junturas y un ruido de piedra desplazándose sobre piedra los sobresaltó.
Se echaron hacia atrás con sorpresa para ver como la puerta retrocedía y se levantaba como el puente de un castillo sobre el foso. Otros sonidos se escuchaban en el interior a oscuras de la cámara. Una ruidosa  maquinaria se había puesto en marcha; se oían crujidos y bloques de piedra desplazándose, ruidos de grilletes y cadenas, palancas que calzaban unas contra otras. De repente, un haz de luz cayó desde algún lugar del techo, oculto en una impenetrable oscuridad, e iluminó como un reflector el centro de la estancia.
Un enorme sarcófago de piedra, más alto que un humano de estatura considerable, flotaba girando lento sobre su eje mostrando todas las caras de su cuadrada estructura, tallada de forma elegante y prolija tal como lo estaba la puerta de entrada. El cono de luz era, seguramente, fruto de un juego de espejos qué la transportaban por reflejo desde el exterior; al pie del sarcófago, una base esperaba que éste bajara y se incrustara en ella para darle equilibrio y sostén.
Los dos monjes rodearon embelesados el flotante objeto sostenido en forma majestuosa en el aire ante sus ojos. Giraron en torno a la base de piedra buscando algo que los orientara en los pasos a seguir y encontraron, tal como ocurrió con la puerta, una hendidura similar a la hallada en el exterior con la forma de la mano, solo que esta vez era la diestra de Kermomme la que calzaba.
Un pensamiento surgió entonces a la vez en la mente de ambos monjes. Si la historia era verdad, y por El Creador que no llevaban consigo un ápice de duda, desde el comienzo de los tiempos ellos habían sido predestinados a estar allí en ese momento preciso de la evolución de los tiempos. Sus huellas habían sido puestas ahí por El Creador eones de tiempo antes de que cualquiera de los dos comenzara su fugaz existencia en este plano; la dimensión de la comprensión de esa idea los hizo temblar de vértigo por un instante. Se ayudaron a sostenerse mutuamente y luego Kaffee alentó a Kermomme a hacer su parte.
El monje hundió sin dudar su mano en la huella y el sarcófago dejó de girar al instante. Comenzó un suave descenso que concluyó cuando se posó con un ruido sordo contra la base de piedra. Esta lo atrapó entre rígidas guías y lo abrió por el medio como un libro voluminoso cuyas páginas se separan a un lado y a otro.
El artefacto se inclinó hacia atrás, con delicadeza, a medida que se abría, de forma tal que su contenido quedó perfectamente a la luz cuando se detuvo y abrió por completo. Los hermanos tuvieron que dar la vuelta a su alrededor para ver el contenido, que había quedado de frente a la entrada.
Ambas partes del artefacto eran de piedra maciza. El peso del mismo debía de ser increíble; haber intentado penetrarlo por otro medio que no fuera la combinación de la base que lo sostenía,  hubiese sido inútil además de imposible. La piedra del interior de ambas partes estaba tallada en la forma justa para servir de encastre a un traje, a la izquierda, y a un extraño objeto de metal, al menos en apariencia, a la derecha.
El traje parecía una armadura de combate, vacía de cuerpo que la vistiera. El material del que estaba hecho era imposible de adivinar; guantes y botas de una clase de metal dorado, cuya superficie destellaba en brillos cegadores bajo la luz que la bañaba, remataban las extremidades de un entretejido de  piel negra, que parecía formada por diminutas, resistentes y flexibles escamas que se aglutinaban unas contra otras dando la impresión de ser impenetrable.
Los hombros y el cuello también estaban protegidos por el mismo metal dorado. En el cuello una gema verde resaltaba furiosa en el contraste de colores; el casco que protegía la cabeza de quien lo vistiera, formado de idénticas escamas que el resto del cuerpo, mostraba una firme mandíbula igualmente dorada y que daba al traje un aspecto feroz.
En la parte opuesta, una larga hoja de metal gris, reluciente como las partes doradas del traje, iba rematada de una empuñadura gruesa. Un guardamonte ancho y pesado, trabajado con el mismo tipo de tallado que se veía en la hoja y el sarcófago, separaba la hoja de la empuñadura. Jamás habían visto nada parecido ni remotamente. Giraron en torno al sarcófago y revisaron la superficie exterior. Decenas de compartimentos disimulados por la superficie quedaron revelados y fueron abiertos uno a uno; cada uno de ellos contenía piezas, aparentemente de equipo, que supusieron sería complemento de la armadura traje.
El último compartimento en ser abierto resultó ser el más importante. Todo lo que necesitaban saber acerca del contenido del sarcófago de piedra estaba allí. Aprendieron como desmontarlo de su base y trasladarlo. Podrían haber usado sus capacidades telequinéticas, pero trataban con un objeto de demasiada importancia como para usar métodos que podían no aplicarse a él.
Solo cuando se adentraron en el conocimiento de lo que ese traje era y significaba fue que comenzaron a comprender la dimensión de lo que se les estaba revelando.
Haría falta mucho más tiempo de meditación y oración para comprender la tarea que les estaba siendo encomendada a los siete a través de esta revelación. Los tiempos que se abrían por delante eran realmente oscuros. Tanto, que ambos flaquearon en su convicción por un segundo para luego retractarse y ratificar que su misión sería llevada a cabo tal como había sido planeada desde el principio de los tiempos.
Que La Luz triunfara sobre la Oscuridad dependía de ello.





Todo el material aquí volcado es de propiedad intelectual del autor, Marcelo Branda, y esta resguardado por el correspondiente registro en el Registro Nacional de la Propiedad Intelectual de la República Argentina.

viernes, 16 de marzo de 2012

"Tiburón" ("Jaws" - 1975) El Detras de Escena y Otras Yerbas





La portada que había visto Martín, solo que
en este caso es de una edición en ingles.


1974. 
Escuela República de Panamá, 
Villa Devoto, Ciudad de Buenos Aires. 

En ese año yo estaba en 6to. Grado de la primaria en esa escuela. Uno de mis dos mejores amigos de esa y otras épocas aparece con una noticia reveladora, un lunes de junio muy temprano apenas entramos a clase.
Como si compartiera conmigo un secreto de estado me lleva aparte y me dice:

-        Mis viejos trajeron un libro nuevo a casa el viernes – Me cuenta Martín Barracosa, mi amigo -  La tapa es blanca y se ve a una mina nadando en bolas y un tiburón mirándola de abajo antes de morfársela.

Eran los meses en que  nuestros compañeros de colegio y la mayoría de la gente vivían pendientes del Mundial de Fútbol Alemania ´74, su selección y la naranja mecánica holandesa de Cruyff y compañía. 
Nosotros mientras tanto,  estábamos absortos en novelas, series de televisión y películas de cine. 
Éramos tres, inseparables, irreductibles, totalmente en contra de cualquier corriente, lo cual nos hacía impopulares al extremo frente al resto: Martín Barracosa, Carlos Surra y un servidor.

Martín era una especie de cerebrito, el genio del grupo. Estudioso, inteligente, el mejor de la clase.


Carlos era fanático de Aghata Christie, Conan Doyle y la arqueología. Su conocimiento sobre temas de historia, relacionado a egipcios principalmente, era asombroso. Le gustaba hacer de abogado del diablo discutiendo teorías extravagantes como las de Erich Von Daniken y Charles Berlitz.



Tapa y Contratapa del libro "que se me quedó"
Notar fecha de impresión del mismo.
Así no se arman bibliotecas, eh? Ojo.


Yo, en tanto, era el apasionado por temas relativos a lo acuático, más precisamente a la exploración submarina y cualquier cosa relacionada al buceo.Lo que el Comandante Jacques Yves Cousteau hacía de su vida y obra, era mi guía espiritual...

En esa línea, leíamos e intercambiábamos tantos libros como podíamos conseguir.
El canje, los prestamos de algunos adultos cercanos y, en la menor medida, lo que podíamos comprar o nos regalaban, eran las fuentes de donde nos nutríamos para estar siempre con algo que leer entre las manos. 
En el caso de Martín, siempre tuvimos la suerte de contar con sus padres, Marta y Oscar, como proveedores de buen material de lectura.

Consumados lectores, Oscar fanático de todo lo relativo a la Segunda Guerra Mundial y además maquetista y Marta gustosa de las novelas, eran quienes nos proveían de la mayor parte del material que nos pasaba por las manos. Así, antes de cumplir doce años, leí "El Exorcista" de William Peter Blatty de contrabando, bajo las sabanas, de noche, para que no me vieran.
Todavía conservo ese ejemplar que jamás devolví... 
Carlos a su vez, era el que más "independencia" económica tenía de los tres. Ahorraba cada peso que le daban para juntar lo necesario y comprar los libros de Hércules Poirot, Sherlock Holmes y otros personajes célebres que le interesaban.
Y así fue la vida marchando alegre, leyendo y viviendo mil y una aventuras a través del papel, la tele y el celuloide... hasta que de grandes, entrando en la adultez ya, de la misma forma que nos juntó nos separó y nunca más supimos nada uno de otro…


La descripción que Martín hizo de la cubierta del ejemplar fue tan buena y me quedó tan grabada, que aún hoy más de cuarenta años después, no puedo evitar recordar la anécdota cada vez que la veo..
Desde ese momento una especie de ansiedad me invadió mientras esperaba la oportunidad de echarle mano primero, una vez sus padres lo habilitaran al préstamo.
Lo que no sospechaba en ese momento era que tendría que esperar dos largos años para leerlo.
Pero la demora tenía su lado bueno y su lado malo. El malo fue lo de la espera. Lo bueno, fue que cuando lo leí lo hice de un ejemplar mío, regalo de mi Nonna María y traído desde Mar del Plata a modo de presente de viaje y también, como la mayoría de los libros que tengo, aún conservo en excelente estado.
Las de abajo son las cubiertas del mismo...









Al terminar 6to grado yo me fui de donde vivía y 1975 me encontró haciendo el último año de primaria en otro colegio lejos de Villa Devoto. No vi más por esos meses ni a Martín ni a Carlos.
Hasta que el día de Nochebuena de 1976 me encuentro en la esquina de la casa de Carlos, camino a la casa de mi tía donde pasábamos las fiestas.
Sin dudarlo un segundo crucé la calle y toque timbre. Por la pequeña ventana que la puerta de calle tenía, vi asomar la cara de mi amigo después de un largo año. De ahí al reencuentro hubo un paso. Y todo volvió a ser como antes. 
Ese mismo día, mientras esperábamos los preparativos de la cena, Jorge Jacobson desde el noticiero de Canal 11 mostraba en exclusiva y a modo de adelanto, la escena central del filme que Steven Spielberg había estrenado en mayo del año anterior en EE.UU. y que al día siguiente, 25 de diciembre de 1976, se estrenaba recién en Buenos Aires.
La película llevaba el mismo nombre del libro que descubriéramos un año y medio atrás y no por casualidad, también era el afiche de publicidad del filme.
“Tiburón”, o “Jaws” en el original, fue la historia que con un planteo tan sencillo como aterrador y antiguo, nos remitía a uno de los miedos más ancestrales que nos atenazan las entrañas desde siempre: flotar indefensos en el agua, sin saber qué cosa nos amenaza desde las profundidades...


Una Máquina de Tragar... y de Hacer Dinero.

Cuando iniciado 1977 el trío se volvió a reunir, todo volvió a ser como antes. Y mejor tal vez. 
Éramos más "grandes" y teníamos ciertas ventajas. Una de ellas era el poder juntarnos cada fin de semana y dedicarnos a lo que más nos gustara o quisiéramos hacer. 
Una de esas cosas, era recorrer ferias y librerías de libros usados. 
En ellas se encontraban las cosas más raras e interesantes a las que podíamos acceder; libros antiguos, títulos descartados, novelas ignotas que para el iniciado como nosotros significaba el inicio de la biblioteca propia, nuestro sueño personal.

Mantuve viva esa manía través de los años y en una oportunidad, recorriendo los escaparates de algunos locales de los que era ya cliente, encontré en cierta ocasión un libro curioso que causó sorpresa y asombro cuando lo ubiqué en la batea de una librería que no existe más hace largo tiempo.
Se llamaba “Lenz”, estaba en Villa Ballester. Varias veces, debido a cuestiones de alquiler, se había movido de local en local siempre por el barrio y cuando Carlos venía a visitarnos desde Villa Devoto (Martín vivía en Malaver y yo en Chilavert) era visita obligada y larga buscando que llevarnos para leer a continuación.
Ese día me hice de una joya cuya portada se reproduce en la foto: “El Diario de Tiburón”   






Una rareza que narra, por la mano de uno de los guionistas del filme, cómo fue la evolución de la producción y el trabajo de filmación de la película y sus desventuras.

La edición del mismo es tan económica, que la ficha bibliográfica obvia el título en idioma original. 
La información dice que la primera edición data de 1975 y que fue publicado en esa ocasión por MCA Publishing.
No obstante ésto, la data que el libro encierra es invalorable. A través de los años podemos decir que se convirtió en una pieza de colección. No se que otro libro recoge las vivencias de la filmación tomadas por alguien tan cercano al tema...

Su autor es un reconocido guionista de cine de los años setenta de nombre Carl Gottlieb, que a la vez es actor y participó en el rodaje de la película tomando un pequeño papel para sí.

Se puede decir que el libro es un diario de filmación de la producción de la película. En ella, Gottlieb tenía un pequeño papel como cronista del diario local, quien debe cubrir la noticia del escualo devorador. 
Como complemento, Gottlieb se vió involucrado en la redacción del guión del filme por convocatoria directa de Spielberg, cuando algunas cosas no salieron bien y hubo que apagar varios incendios sobre la marcha del rodaje. 
La idea entonces es volcar aquí algunos de los datos más interesantes en torno a la producción que inauguró una nueva forma de ver y hacer cine a partir de su estreno. Con "Tiburón", Spielberg inaugura un nuevo concepto en cuestión de cine en el cual comienzan a verse involucrados cantidades de movimientos económicos "satélites" a la taquilla de recaudación, que acaban siendo tanto o más importante que aquella.
En la sucesión de distintas notas, iremos conociendo esos interesantes pormenores.

Pero antes de eso, en la siguiente nota relacionada, me gustaría empezar por aclarar una notable confusión que he descubierto en Internet a partir de datos erróneos y fatales errores de información que me obligaron a hacer un poco de investigación relacionada a las fechas que figuran en archivo respecto del estreno de "Tiburón", tanto en los Estados Unidos como en Argentina.
Mucha de la información relativa a ésto, inclusive la que figura en la Internet Movie Data Base, que es una base de datos mundial que recopila todo lo relacionado con información de producciones audiovisuales, esta equivocada.
Y me parece relevante corregirla antes de avanzar en las crónicas de "Tiburón"; principalmente porque me hicieron dudar de mi memoria... y es algo que no voy a volver a hacer ¿Saben por qué?
Porque la razón era mía en cuanto a recordar perfectamente fechas y momentos.
Pero como las comprobaciones se hacen sobre pruebas, en la siguiente nota comenzaré por aclarar este asunto para luego si seguir el duro camino que Spielberg encaró cuando decidió meterse al agua con "Tiburón"...