viernes, 8 de febrero de 2013

Una Excursión Para Sentirse Indiana Jones

Los Castillos de Pincheira
Suena importante ¿no? ¿Alguien sabe de que se trata? Pues sería interesante investigarlo. Pero más interesante aún sería poder visitar el sitio donde se erigen.
¿Que son los Castillos de Pincheira?
27 kilómetros al oeste del cruce entre la Av. San Martín (RN40) y el cruce con la calle Fortín Malargüe, se yergue sobre la margen opuesta del camino que se transita una formación rocosa de peculiar aspecto que se conoce con el nombre de Castillos de Pincheira.
Al lugar se llega luego de recorrer un sendero de ripio seco y polvoriento; tal vez uno de los más tediosos de recorrer en todo Malargüe, pero vale la pena cada tramo por el hecho de llegar a destino. La ruta serpentea y cruza vados. Muestra taludes de tierra a ambos lados del camino desde donde aparecen de vez en cuando algunos animalitos curiosos. Un par de mulitas, o similares, nos han salido al paso y hemos tenido que esperar pacientes el cruce de grupos de chivos que liderados por el macho correspondiente recorría el lugar en busca de alimento.

Las piedras hacen resonar los bajos del vehículo y el mundo desaparece en el espejo retrovisor a causa de la polvareda impenetrable que el paso de las ruedas levantan y forma una nube. Depende la velocidad que le imprimamos, el viaje puede durar unos cuarenta minutos si se va tranquilo y con paciencia. Las sorpresas no son recomendables cuando se atraviesan 30 Kmts. de desierto.
Las formas se distinguen de golpe contra la monotonía del cielo. Unos picos serrados que parecen mesas a las que le cortaron dos patas resaltan contra el resto del paisaje: Esos son los castillos.
En medio de cerros de cuerpos cónicos y picos redondeados, el viajero no puede menos que maravillarse con esas formaciones que parecen implantadas desde otros lugares. El paisaje me hace pensar en varias posibilidades. Un cuadro lunar, los lugares por los que Indiana Jones desgrana sus aventuras o las tristemente célebres imágenes de tierras afganas tan de moda a partir de la guerra.
El camino nos deja a las puertas de un camping que ya desde la entrada me roba una sonrisa. Eso me gusta.
Un cartel pintado a mano, con letras prolijas y caligrafía con autoridad avisa que en ese lugar se cultiva la paz, los buenos modos y la paciencia; el andar tranquilo, las buenas formas y el respeto por los demás  Entonces, y como corolario de lo expuesto, invita quien lo escribe a que el viajero no trasponga el umbral si no comulga con estas formas o no se siente capaz de respetarlas ... Así de simple. Así de clarito. Así de franco.
Entramos nomas. Y no nos echaron; prueba de que cumplimos todos y cara uno de los requisitos exigidos.
Encontramos a la gente del lugar en pleno despliegue de trabajo; estaban a contra reloj del inicio de la temporada, luego del 31 de diciembre y lo que había por hacer era mucho.
La simpatía y la buena onda de las chicas a cargo del lugar hizo que dos veces más volviéramos a disfrutar de la tranquilidad y el sosiego que guarda el lugar.

Un camping enorme con pileta, lago, cascada  río y hasta puente colgante artesanal y de madera, tiene el lugar para maravilla de los visitantes. Un parque espectacular que no terminaba nunca y la visita permanente de los verdaderos dueños del lugar, que recorrían todo el espacio a sus anchas acercándose a ver quienes eran los extraños que venían de visita. Patos, caballos y una buena bandada de pájaros se acercaban con la docilidad de quien domina el ámbito a ver que hacíamos de nuestra vida.
Las fotos testimonian mucho mejor que yo el hecho.

Pero vamos un poco a la historia, a saber el porque del nombre y lo que se cuenta del lugar. Según el relato de los lugareños, y otras fuentes consultadas, Pincheira era el nombre de una familia cuyos hijos varones formaban una banda de ladrones y cuatreros que asolaron la región entre 1818 y 1832, tanto del lado chileno como del argentino. De hecho, los Pincheiras, eran de nacionalidad chilena. Su cabeza era el viejo Don Martín Pincheira, padre de seis hijos, cuatro varones y dos mujeres, de nombres Santos, Pablo, José, José Antonio, Rosario y Teresa.
El clan abrazó la causa realista durante la guerra de independencia chilena, lo cual les valió la caza de patriotas chilenos que se empeñaron en rastrearlos y echarles el guante. Pero al parecer los Pincheiras eran gentes de recursos. No solo lograron escurrirse de quienes los perseguían: tuvieron el descaro de sumar gente a su causa y armar así un grupo que llegó a tener mil hombres a caballo, todos organizados bajo una férrea dirección militarizada. En su origen, eran campesinos en su mayoría quienes unían sus simpatías a los hijos de Don Martín, pero luego forajidos, presidiarios, fugitivos y bandidos locales se sumaron a sus huestes reforzando las filas y desafiando a las autoridades.
A partir de 1822 se alían a caciques pehuenches lo cual les permitía no solo refugiarse a sus anchas en un vasto territorio, además tenían libre tránsito por los pasos de todos los valles desde Neuquén a Mendoza y el cruce asegurado a uno y otro lado de la cordillera. Ésto colaboró a que mucho del ganado que salían a robar hacia la zona de La Pampa y Buenos Aires consiguiera refugio en esas tierras hasta tanto organizaban su paso a Chile con fines de lucro, para seguir financiando sus actividades.
Habiendo escapado por gracia de Dios de una muerte segura en una emboscada chilena, los Pincheiras deciden establecerse definitivamente de éste lado de la cordillera (raro ¿no? No se porqué me suena la misma historia 200 años después) con lo cual su área de influencia y correrías se extendió a las provincias vecinas. San Luís, Córdoba y Santa Fe sufrieron sus recorridas.
Cercados por reiteradas asonadas de los ejércitos, tanto chileno como argentino, se entregaron a manos del gobierno chileno que los indultó a cambio de parte de lo que habían obtenido en tantos años de fechorías. Siendo así que se asimilaron a la vida común, los Pincheiras terminan asentándose en las tierras que hoy llevan su nombre.
El agregado de Castillos vino después a colación de que las formaciones rocosas, contrastantes con el resto que las rodea, realmente semejan aquellas fortificaciones conocidas de la edad media en las cuales altas murallas se erigían rectas y enormes, encerrando poblados para ser protegidos.

Pincheiras en un lugar para disfrutar. Desde un asado a la sombra de los árboles, pasando por un día espectacular que puede disfrutarse en la enorme pileta con solarium, hasta el mundo de aventuras que se abre solo con cruzar el puente colgante sobre el río... Pero eso será tema de otra nota; por ahora, solo disfrutar de la belleza del paisaje a través de un recorrido fotográfico.
Después piensen si los 27 Kmts. de ripio valen o no la pena...


Una de las vistas de los Castillos. Desde la cima del que se ve en el centro se tomaron las fotos que se ven más adelante

Vista de una de las dos lagunas. La otra se ve detrás y a la izq. la piscina.

Otra vista desde la laguna pequeña.

La enorme piscina con el detalle de tener pintado el nombre en su fondo.

El grupo que salió a recibirnos en el camino

Los mismos pero apurando el paso por el susto.

Merendando en la tranquilidad del paisaje y muy cerca de la cámara.

Uno de los Castillos vistos desde la base. Después vendría la escalada por la cara a la izquierda

Piscina y solarium

Una vez ganada la cima, vista enfrentada. Se ven lagunas y casco del camping.

Otros amigos que recorrían el lugar en busca de pasto y agua




El puente colgante, paso obligado para iniciar el ascenso a la cima de los Castillos.