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sábado, 23 de julio de 2016

Hechos Curiosos del Mundo Bond (III)





  1. "A View To A Kill" el tema principal del filme de 1985, llegó al número uno del chart americano luego de que, años antes, Paul McCartney posicionara a "Live and Let Die" en el segundo lugar en 1973.
    Uno de los mejores afiches del filme
  2. El actor Terence Cooper fue propuesto para devolver a la pantalla al personaje de 007. luego de que apareciera en 1954 en un filme para televisión del Climax Mystery Theatre. El proyecto no funcionó, pero de todas formas, Cooper tuvo su aproximación a James Bond cuando fue convocado a participar en la cinta de 1967 "Casino Royale" de Charles Feldman.
    Afiche de filme de 1967
  3. Ian Fleming desestimaba el cine en absoluto. En su vida solo dos veces había visitado una sala para ver un filme. "Cavalcade" y "Gone With The Wind" fueron los únicos dos que eligió ver, hasta que debió revisar los dos primeros filmes Bond protagonizados por Connery para que los productores supieran si aprobaba definitivamente el desempeño del escoces en el rol de 007. Fleming lo aceptó a medio conformar. De arranque, no estaba de acuerdo en absoluto con la elección de los productores .
    Connery ES Bond
  4. Tres de las cuatro chicas que protagonizaron un rol central en "Los Vengadores", la serie de los sesentas protagonizada por Patrick Mcnee, también tuvieron su participación en filmes Bond: Diana Rigg y Joanna Lumley lo hicieron en "Al Servicio Secreto de Su Majestad". Honor Blackman hizo lo propio en "Goldfinger". Por último, el propio Mcnee participó junto a Moore en "A View To A Kill" haciendo el papel de su chofer en momentos en que Bond debe infiltrarse en la villa de Max Zorin.
    Patrick McNee y Diana Rigg 
  5. Durante la filmación del teaser de "Thunderball", Connery debió vestir un protector disimulado entre sus ropas para evitar que el combustible de la mochila voladora que debió usar le afectara la piel y el cuerpo.
    Connery y el Jetpack
  6. Ian Fleming asigno los beneficios de cada filme Bond a un miembro de su familia a modo de legado.
    IFF Logo
  7. Cada vez que algo iba mal en el set de filmación de "Vivir y Dejar Morir" un integrante del equipo invariablemente mencionaba que el hecho era "un mensaje" de Sean Connery, el actor que había abandonado el rol a manos de Roger Moore.
    En el set de "Vivir..." preparándose para explotar a Kananga 
  8. Desmond Lewellyn fue el actor que personificó a "Q" a lo largo de los filmes en que cinco actores diferentes protagonizaron el papel de 007.
    El "Q" más reconocido y longevo
  9. En desmedro de la mayoría de las voces de las actrices que personificaron "chicas Bond", también a los villanos debieron doblarlos: tales los casos de los actores Gert Frobe (Goldfinger)  y Adolfo Celi (Emilio Largo).
    Adolfo Celi

    Gert Frobe

  10. Carol Boquet fue tentada con el rol de Holly en "Moonraker" pero debió pasar dado que por ese entonces debía cumplir un papel en "Ese Oscuro Objeto del Deseo". Poco después pudo participar en el siguiente filme Bond cuando jugó el rol de Melina Havelock en "Solo Para Sus Ojos"

sábado, 16 de julio de 2016

"Dr. No" (1962) - Un Fresco Éxito de 54 Años de Edad







Detalles y Secretos del Primer Filme Bond


Para concretar la primera aparición de James Bond en la pantalla grande, los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli fundaron la productora EON, nombre muy significativo para el emprendimiento cuyo significado viene de tomar las iniciales de "Everything Or Nothing", "Todo o Nada" en su traducción, y que hacía referencia a la situación en la cual se embarcaban arriesgando todo lo que tenían en ese momento, pensando que la apuesta sería todo un éxito... o todo un fracaso.

Distintas propuestas de afiches con los que se promocionaría
el filme alrededor del mundo


"Dr. No" se produjo invirtiendo una fortuna de aquellos años o una bicoca de éstos, según se lo vea: solamente un millón de dólares; teniendo en cuenta que hoy día se invierte mucho más en un capítulo de una serie de T.V. y contando los beneficios que reportó y reporta aún hoy, podemos concluir a la distancia que la inversión fue una verdadera ganga, pero en aquel entonces sonaba más a un disparo cerca de la cabeza...
Es el único filme Bond que no contó con los gadgets que usualmente veríamos después a lo largo de toda la serie. Su fortaleza radicaba simplemente en un buen guión, muy actual para la época, personajes bien definidos, buenas actuaciones y el protagonismo franco y directo del actor elegido por los productores y, en principio, resistido de mala forma por el propio padre literario del personaje, el novelista Ian Fleming.
Sean Connery, el elegido a expensas y recomendación exclusiva de la mujer de Broccoli, Dana, le dio al personaje una justa representación. Combinó todo lo oscuro que se pudo de lo que los libros citaban, con la elegancia, el porte y la seguridad que el actor escoces pudo aportarle.
A diferencia de como lo vimos los espectadores en pantalla, elegante, seguro, fino y de exquisitos modales, para Fleming Connery era la personificación de todo lo hosco, burdo, desgraciado y brutal que se podía conseguir solo con tomar a un ex competidor de Mr. Universo y tratar de convertirlo en actor.
Pero contrariamente a las primeras impresiones que produjo, Connery terminó aportando lo necesario y mucho más para seducir a las audiencias de buena parte del mundo que, conociendo al personaje a través los libros, tenían una imagen mental suya muy bien definida.
Una curiosa imagen en la que están juntos los cuatro responsables del éxito:
Saltzman, Connery, Fleming y Broccoli, durante la planificación
de uno de los primeros Filmes Bond
Esto se combinó a la perfección con una excelente edición, la elección de locaciones exóticas y un ritmo narrativo sostenido que mantenía un climax constante, haciendo que la audiencia esperara expectante el cierre de cada situación presentada.
La filmación se llevó a cabo en Inglaterra, en los estudios Pinewood que se convertirían en la base oficial de la producción, y en Jamaica para los exteriores.
El cambio de escenario cada pocos minutos fue una novedad para la época  Una jugada inteligente incluida por el director, los productores y el editor; de esta forma, los primeros minutos del filme nos llevan al sol y la frescura de Kingston, Jamaica, para luego trasladarnos al centro de comunicaciones del Servicio Secreto en Londres y poco después entrar al casino donde James Bond mata el aburrimiento jugando cartas.
Sentados alrededor de la mesa, un grupo de asistentes está en pleno desarrollo del juego. Bond no es mostrado de arranque y el espectador, a priori, no sabe con que se va a encontrar. En una mano que se juega, una dama arriesga contra alguien al otro lado de la mesa (que le da la espalda a la cámara) y pierde ante el murmullo del público que observa expectante.

Connery está a punto de acuñar la frase más famosa de la historia del cine.
La mujer, una morocha madura y sumamente atractiva, felicita a su contrincante y hace un comentario elogioso terminando con un preciso "Mr..." que queda suspendido en el aire para que el hombre se presente. Luego de unos segundos de suspenso, Sean Connery se hace cargo y completa la frase acuñando la que sería a futuro la frase más famosa de toda la historia del cine mundial, el ya clásico y consagrado "Bond, ... James Bond".

Sylvia Trench, la contrincante de Bond al otro lado de la mesa. La actriz es Eunice Grayson, a quien vemos
bajo estas líneas en dos momentos de su carrera. En 1962, en el filme. y en años recientes con motivo de
la presentación de un libro sobre "Chicas Bond"


Al correr de los años terminaremos descubriendo que es uno de los filmes más violentos de toda la saga y de los más realistas filmados. En rigor de verdad, si se lo analiza hoy día, hasta cuesta reconocerlo como filme Bond comparándolo con el esquema, más o menos fijo, que impuso un molde a los que vinieron después.
Tal vez el mejor acierto de los guionistas radicó en el hecho de apoyarse directo en las aristas de la época y sus momentos más relevantes y modificando lo menos posible la historia original volcada en el libro escrito por Ian Fleming.
Dos momentos de Bond con Miss Taro
La despiadada carrera espacial entre EEUU y URSS, los resabios dejados aún por la Segunda Guerra Mundial, el peligro que significaba la carrera armamentista para la paz mundial y la rudeza del proceder de  Bond a la hora de ajustar cuentas con sus adversarios, fueron los puntos altos que la historia propuso a la audiencia. Haciendo además referencia de una forma tangencial a que la sórdida lucha que libraban los agentes de uno y otro bando no tenía nada de romántico ni glamoroso, como antaño se quería hacer ver.

Si no, basta con ver la secuencia en la que 007 espera al Dr. Dent, luego de despachar a la Srta. Taro.
Bond lo asesina a sangre fría rematandolo de un disparo en la espalda estando ya tendido en el suelo. Luego retira el silenciador del arma soplándole el humo residual antes de guardarlo e irse del lugar tranquilamente.
Toda esta secuencia se juega en silencio, sin música de fondo, y cuando Bond se va, la imagen funde a negro con total suavidad. Una pequeña joya de la dirección.



Bond se encarga del Dr. Dent en una muestra de fría brutalidad homicida

Esa escena captura la esencia del personaje que delineó Fleming y el director Terence Young se encargó de reafirmarlo de forma específica "Bond es un ejecutor (forma delicada de referirse a un asesino oficial) que cumple órdenes; no debemos olvidar eso"
Lamentablemente después de ésto, y con la intención de suavizar las historias para que deriven a un concepto más abarcativo en cuanto al entretenimiento, éstas características de realidad fueron reemplazadas gradualmente por otras fantasiosas que en muchos casos rozaron lo ridículo haciéndole perder seriedad al personaje y a la propuesta general. En particular, a partir de las protagonizadas por Roger Moore, luego de un primer fallido intento por reemplazar a Connery con Lazemby, cuando se decidió que Bond sería para toda la familia...


Ursula Andress, la primera Chica Bond de la historia.

Hablemos de Guión

Nunca los guiones de los filmes se adaptaron a la línea que Fleming planteara en sus libros. El punto principal era que estas historias habían sido escritas en otros tiempos, con otros códigos y otra realidad de entorno muy diferente al momento en que se realizaron cada uno de los filmes.
Las novelas de Fleming quedarían fijadas a la década de los años cincuenta. Los filmes atravesarían cinco largas décadas, tiempo durante el cual el mundo y la vida diaria cambiarían de manera vertiginosa año tras año.
Si bien entre la edición original de "Casino Royale", primera novela de las escritas, y el estreno de "Dr. No" pasaron solo diez años, los cambios aplicados a la realidad mundana eran varios y notables. Ni que hablar de lo que ocurriría en los diez o veinte años posteriores; las distancias entre literatura y cinematografía se ampliarían de manera desproporcionada.


El temible y misterioso Dr. Julis No





La base literaria de "Dr. No" fue respetada todo lo que se pudo, pero en un punto los productores debieron ajustarse a las necesidades del espectáculo cinematográfico.
Algunos personajes fueron modificados, otros creados para el filme sin siquiera aparecer en el libro. 
Por ejemplo, el personaje de Felix Leiter, el agente de la CIA que colabora con Bond a lo largo de varias aventuras, aparece en el filme pero no justamente en ésta novela.


Otra escena que se convertiría en clásico: M da instrucciones a Bond sobre su próxima misión.
Aquí, al inicio de "Dr. No" M le reclama cambiar su pistola Beretta 25 por una más efectiva
Walther PPK 7.65, que Bond se resiste a abandonar...



A la vez, y en lo que refiere a enemigos, los productores han tratado de que el foco de los males que Bond persigue se desplace de las organizaciones imaginativas que Fleming cita en sus libros a otros más ajustados a la realidad. Principalmente poniendo el ojo en la amenaza comunista de la Unión Soviética y sus satélites.
En función de ésto, y a diferencia de los planteos que siguen las novelas, en los filmes y a través de los guiones se crea una matriz que será marca registrada a lo largo del resto de la saga: una fórmula que respeta varios actos estructurados de idéntica manera y que acaba invariablemente en territorio villano, donde se expondrá a toda orquesta y en el mejor set de los usados a lo largo de todo el filme el final grandilocuente.

Sea en el laboratorio del Dr. No, en el volcán de Blofeld, en el super tanque flotante de Stromberg o en la estación espacial de Hugo Drax, los finales de los filmes Bond siempre se destacaron por ser el punto más alto, el climax de la historia.
Cada cita de cine con un nuevo título, era un desafío para ver con que se superaban respecto al anterior. Y como en "Dr. No" no había anterior, había que sentar precedente.




El arma que acompañaría a Bond durante los siguientes 20 años.
La Walther PPK 7.65 de la firma alemana.
Otro clásico Bond. 
Y se estructuró uno de muy buena altura.
El laboratorio desde el cual se interceptaban los cohetes lanzados desde Cabo Cañaveral, se hallaba oculto en una isla utilizada por las aves para anidar y reproducirse. Lo que abundaba en ella era el guano, la defecación de los animales.
Nada mejor para mantener alejados a los curiosos. Pero por si eso no fuera suficiente, los nativos alimentaban la historia de un dragón que lanzaba fuego y custodiaba la isla contra curiosos. De hecho varios habían desaparecido y a otros se los hallaría calcinados para reforzar la historia.
Bond descifra el misterio, por supuesto. Pero hasta tanto esto, tiene oportunidad de conocer las entrañas de la isla donde el malvado Dr. Julius No vive como un rey disfrutando de lujos y comodidades mientras ejecuta maldades y roba cohetes para los rusos.

Alejándonos de Jamaica...

"Dr. No" es solo el puntapié inicial de una larga lista de éxitos de taquilla que llega hasta nuestros días con el último título estrenado hace ya un tiempo: "Spectre"
Luego de "Dr. No", Bond deja atrás las cálidas aguas que rodean Jamaica para dirigirse a Turquía en su siguiente aventura cinematográfica.
Tal vez sea "Desde Rusia Con Amor" la historia que más puntos en común comparta entre guión y novela. De hecho, los productores potencian el espectáculo en la segunda entrega a partir del éxito obtenido en la primera.
Los temores del "Todo o Nada" del inicio se disipan por completo.
En el horizonte se vislumbra un futuro prometedor, tanto para 007 como para los encargados de armar una película cada año o dos.
Uno de esos fines de semana que el cable no ofrece nada mejor para ver (casi siempre), es una buena idea volver atrás en el tiempo y disfrutar de cada filme Bond recordando los tiempos en que no existían computadoras y todo el trabajo se hacía de manera artesanal, gracias al esfuerzo y dedicación de verdaderos ejércitos de técnicos y operarios que creaban la fantasía a mano...


martes, 12 de julio de 2016

Miss Moneypenny, La Secretaria Deseada.


La belleza en todo su esplendor.
Los años no pasan para Lois, y si lo hacen
es para ponerla mejor.

Los inicios con Sean Connery,
 juventud y belleza por ambas partes.
 Una combinación básica que
 se mantendría por años.
Personificado en las primeras 14 películas por la actriz canadiense Lois Maxwell y luego por Caroline Bliss y Samantha Bond en otras cintas,  la eficiente secretaria privada de M fue el único personaje secundario presente en todos los filmes Bond hasta "Casino Royale".
Maxwell le prestó el cuerpo a lo largo de 23 años ininterrumpidos, desde "Dr. No" hasta "A View To A Kill". En cambio que M no estuvo en "For Your Eyes Only" y Q no lo hizo en "Live And Let Die".

Aunque nunca hasta ahora fue aclarado como se debe, Fleming en sus novelas deja entrever que en los anales de la relación de trabajo entre Bond y Moneypenny algo ocurrió que determinó el curso de lo que vendría después: un eterno e histérico flirtreo que nunca superó la etapa de insinuación sexual sin concreción. Hubo que esperar a "Skyfall" para echar un poco de luz sobre el tema.
Lo cierto es que, sea lo que fuere que haya ocurrido, la tensión erótica entre los dos personajes siempre existió y marcó un hito en cada encuentro que protagonizaron.

Tramo final para la composición de un personaje
histórico.




El cambio de roles llegó con "The Living Dayligths" en 1987 cuando Maxwell, nacida en febrero de 1927, contaba con 60 años.
Allí y por solo dos filmes, la posta pasa a manos de Caroline Bliss, una rubia bonita que prometía pero que no llegó a tener oportunidad de copar la parada, dado que luego de "Licence To Kill" el paréntesis que se dio hasta llegar a "Goldeneye" en 1995 la dejó olvidada.
Caroline Bliss en "The Living Dayligths" junto a Timothy Dalton

Fotografía dedicada de Caroline Bliss




En esa oportunidad fue convocada Samantha Bond, quien sí supo llenar el vacío dejado por Maxwell y refrescar al personaje y jugando sutiles pasos de comedia y poniendo dramatismo cuando era necesario; ambos cambio de roles por demás interesantes durante el período que tuvo a Brosnan a la cabeza de las producciones.

Uno de los más sobresalientes se da en los primeros tramos de "The World Is Not Enough". 
007 llega desde el país vasco después de un escape a tono con un presente singular para Moneypenny.
En ocasión de la reunión con el banquero suizo, Bond tiene la oportunidad de conocer a "La Chica de los Cigarros" (María Grazia Cuccinotta) quien le ofrece un cigarro guardado en un estuche de metal a modo de atención.
Al arribar a la oficina de M, Moneypenny lo interroga acerca de si había tenido la deferencia de traerle algún regalo del extranjero, a lo cual Bond responde de manera afirmativa y la chica se interesa con falso y exagerado interés por saber que es.
Pierce y Samantha juegan la escena del cigarro en estas dos fotografías
"¿Una caja de chocolates? ¿Un anillo de compromiso, tal vez?..." pregunta sabiendo que se encontrará con una sorpresa no agradable.
Sin decir palabra, Bond apoya erecto sobre el escritorio, el cilindro de metal que contiene el cigarro.
Moneypenny le dedica una mirada al objeto y después a Bond diciéndole sensual...
"Se exactamente donde colocarlo"  acto seguido, lo encesta con precisión en el cubo de residuos junto a su escritorio.

Bond, desilusionado y haciendo clara alusión al archiconocido asunto del presidnte Clinton con la Lewinsky, le responde resignado "Moneypenny... La historia de nuestra vida... Cerca, pero sin cigarro"






Arriba y abajo, dos imágenes de una Louis Maxwell
sumamente osada y poco conocidas para la época 



sábado, 11 de junio de 2016

"The Living Daylights" - Volver a Las Fuentes (II)




Un nuevo Bond asoma en el horizonte... y con un afiche poco conocido. De hecho puede tratarse o bien de un afiche promocional o de uno diseñado por algún fanático, dado que no es muy común verlo como uno asociado a la difusión de la película.

Filmación de las tomas sobre el Land Rover lanzado por los caminos
del Peñón. 
Comienza la masacre de Gibraltar. El infiltrado ruso ejecuta a los
agentes Doble Cero durante la práctica en el Peñón.

En la espectacular secuencia de apertura (una de las mejores en mi opinión) Bond salta en paracaídas sobre el Peñón de Gibraltar para llevar a cabo un ejercicio de infiltración junto a otros dos agentes Doble Cero. Ni bien ponen pie a tierra, dos de ellos son asesinados. Y Bond se lanza a la caza del asesino. La fotografía corresponde a la filmación de la secuencia en la que Bond va colgado del techo del Land Rover, que viaja a velocidad de miedo.Al menos eso se ve en el filme; aunque aquí comprobamos que hacer la escena es un poco más seguro. Pero veamos primero la secuencia final y vayamos luego a cómo se hizo.


Secuencia Pre Títulos de "The Living Daylights" Parte 1



Parte 2



Y ahora sí. Descubramos como fue el detrás de escena de la vertiginosa secuencia de apertura.






En palabras de B.J. Worth, uno de los tres dobles de riesgo que realizan el salto personificando a los agentes Doble Cero, la escena de los paracaidistas que abre el filme fue tan impecablemente coordinada y realizada que solo debió hacerse una vez con lo cual el director tuvo el material que luego utilizó en el filme.
En un solo intento, los dobles pudieron realizar el salto, volar a gusto de lo que el director de cámaras necesitaba para completar la toma y aterrizaron de manera perfecta y sin inconvenientes en el lugar indicado, obteniendo así la toma definitiva que sería utilizada luego en el montaje del filme.

Se inicia la caza. Bond terminará sobre
el techo del Rover que se desbarranca.
Aunque las complicaciones vinieron luego con el equipo que en el Desierto de Mojave, en EEUU, filmaba una secuencia contigua a la de los paracaidistas.
El equipo de Mojave era el encargado de lograr la toma en que Bond sale del Land Rover que cae por el barranco gracias al paracaídas de reserva y la corriente de aire que logra al romper la ventana de la puerta de una patada.
En la realidad, los técnicos entendieron lo difícil de lograr un efecto así por lo cual probaron variantes. Como puede apreciarse en las imágenes, se colgó un vehículo de un helicóptero con un doble en el techo. Pero era riesgoso y no se lograba la toma necesaria.
Tampoco se lograba la apertura del paracaídas desde dentro del vehículo, lo cual complicaba bastante las cosas. A continuación se probaron alternativas; un cañón de aire que impulsaba un modelo a escala, un vehículo radio controlado y hasta un maniquí que jalaban del interior de un Land real por medio de cuerdas y le abrían el paracaídas.
El tema es que la toma final se logró y es la que aparece en el filme... aunque nunca se reveló cómo la pudieron lograr..

Por otro lado, parte del equipo que incluía a los actores principales trabajaba del otro lado del océano completando las secuencias que requerían combinar acción con primeros planos e interiores. La toma de la pelea en la cocina, por ejemplo, que tiene a Necros y a un agente MI6 como protagonistas.
Se tardó tres días en completarla y requirió de un exigente entrenamiento de los dos actores que la filmaron.
La mejor imagen real del Bond que Fleming pensó a principios de los cincuenta.
Esta imagen pertenece a una escena que corre paralela a la lucha de la cocina.
Dalton en tanto trabajaba en la parte del salto sobre el techo del Rover y la posterior pelea con el agente ruso.
Su entusiasmo era tal que insistía en hacer él mismo las tomas, no solo las de primer plano sino también aquellas en las que se lo veía pasar colgado de la lona del Rover, que según los dobles de riesgo que colaboraban en ella requería una buena dosis de coraje para jugarla.
Los productores estaban felices con la disposición de Dalton... Pero insistían al coordinador de dobles que lo cuidara de cualquier daño. Debía llegar hasta el final de la filmación para completar la película...
Definitivamente... Éste Bond no es chiste.

Muy buena fotografía promocional en la cual, entre imagen y
texto, se logra una síntesis perfecta del concepto
que se quiere transmitir del nuevo Bond.
El filme se caracterizó por ser uno de los que más acción extrema contenía en su trama. El salto sobre Gibraltar, la caída del Rover, el combate final entre rusos y afganos, pero sin duda es la pelea final entre Necros y Bond la que se lleva todos los laureles.
Los dobles y el equipo técnico a cargo del armado de la toma coinciden en que fue un verdadero dolor de cabeza lograrla. Filmar sobre una red de carga que flamea fuera de la bodega de un avión, dos tipos colgados y a unos miles de metros en el aire no es chiste.
Jake Lombard y B.J. Worth se encargaron de la secuencia. Lombard doblaba a Necros y B.J. a Bond. Ambos pelean en el gigantesco bulto que son los empaques de elementos médicos que lleva el transporte. Para facilitar la toma, lo que contiene la red no son pequeños paquetes sueltos, es un solo bloque de fibra de vidrio tallada que facilita el control de la masa sobre la que se mueven los dobles.
Asirse de la red y caminar por el bulto es más llevadero si es firme y se lo controla en cuanto al movimiento.
Cuando en la escena en que la red se abre hubo que utilizar paquetes individuales para que volaran en el momento necesario, la red entera se salió de control y cobró movimiento propio sacudiendo a los dobles de uno a otro lado.
Presten atención al verlo en la filmación, la red comienza a dar latigazos mientras el doble lucha por sostenerse firme aferrado a ella. De hecho en un momento, mientras trapa tratando de volver al interior del avión, uno de esos latigazos lo estampa contra la cola del avión y lo devuelve hacia abajo.

Aquí se ve parte de la escena final que en el documental se muestra en preparación, con el modelo
del puente construido y combinado en imágenes con el real, utilizado para las tomas
con actores.
Combinación de realidad, óptica forzada y miniaturas para lograr la destrucción del puente.
Efectos especiales para no tener que volar un puente.


Bond ejecuta a Pushkin haciendo gala de su exquisita puntería.

Acabado el trabajo tanto en Mojave como en Gibraltar, los equipos se encuentran en Marruecos donde filmarán tres de las escenas más centrales del filme. Dos se darán en Tanger; las secuencias del asesinato de Pushkin, la huida de Bond y la confrontación con Withaker. La otra, el combate entre fuerzas rusas y rebeldes afganos que se desarrolla en una base aérea rusa en suelo afgano y que en la realidad es un aeródromo civil que siguió recibiendo vuelos durante la filmación. Los viajeros agradecidos de poder disfrutar la vista...  Mientras unos se dedican al trabajo con actores otros, los técnicos, se abocan a trabajar con miniaturas, modelos a escala y vehículos a radio control a fin de completar secuencias que conllevan mucho trabajo y precisión.
Las voladuras de distintas partes de la base, el lanzamiento de un jeep desde las entrañas de un carguero volando, la destrucción de un puente o el impacto de un avión abandonado por la tripulación son algunos de los pasajes que deben ser preparados y filmados.
Mucho de esto también se ve en el documental.
Y espero que les haya gustado...


Un momento histórico que a la distancia cobra mayor valor.
La Princesa Dianasaluda a Dalton durante el estreno oficial del filme. 
Junto al actor la bella Maryam d´Abo 
y detrás de ella Jeroem Krabbé.
Bond se dispone a neutralizar al tirador que
busca impedir la fuga a Occidente de un
jerarca soviético.


John Richardson observando la filmación de una de las escenas fuertes de la última parte del filme.




sábado, 23 de abril de 2016

James Bond - De La Literatura Al Cine







Curiosamente no fue el primer libro escrito por Fleming el primero en filmarse dentro de la franquicia original. Hubo que esperar al año 2006, marcando el debut de Daniel Craig en el rol del agente, para ver reflejada en pantalla grande la idea esencial de Fleming, aggiornada a los tiempos actuales.
Pero en el inicio, al inicio de la década de los 50 para los libros y 1962 para los filmes, ¿qué fue lo que generó tanto revuelo en la aparición de esta propuesta y este personaje? 
¿Qué había de diferente en ella en contraposición a todo lo conocido hasta ese momento?

Personalmente sostengo que fue el momento histórico lo que ayudó a Fleming con el éxito de sus historias.
Eso, y la correcta combinación de detalles sumado a una expresión escandalosamente incorrecta de ciertos pasajes de la historia y su personaje, hicieron de Bond y sus aventuras un cócktail imposible de ignorar por la mayor parte del público de aquel momento.
  
Las novelas de Bond comienzan a ganar la calle durante un período oscuro de la historia de mediados del siglo XX, donde la sombra de la post guerra, la amenaza soviética y el temor de un holocausto nuclear eran el pan de cada día.
De alguna forma era necesario creer que el mundo descansaba en manos seguras o a las espaldas de alguien capaz de lidiar con todos esos demonios al mismo tiempo.

La Guerra Fría comenzaba su ascenso. 
Hacia 1963 vería su apogeo con la creación del Muro de Berlín; “casualmente” el mismo año del estreno del primer filme Bond, “El Satánico Dr. No”.



Los antecedentes del autor proponían a sus libros como una suerte de “manual de espionaje” que introducía al lector en un mundo desconocido, lleno de fantasías, misterios y romanticismo.

Las historias de heroísmo y sacrificio de la Segunda Guerra Mundial con las distintas resistencias combatiendo al enemigo nazi, todavía tenían un peso específico enorme en el inconsciente colectivo.

El cine y la literatura se habían convertido en vehículos vinculantes entre pequeños o desconocidos detalles mentirosos de la lucha, (el glamour, la excentricidad, el refinamiento y la buena vida) convirtiendolos en gigantescos íconos, y el hombre común que veía en la pantalla o en las páginas escritas el único modo de acceso a este mundo, desconocido, intrigante,  misterioso
¿Cómo iba a resistirse a la tentación de soñar con todo aquello aunque más no fuese por un par de horas en la oscuridad de una sala o en la intimidad de la lectura?

La fórmula había sido creada, ahora solo había que probarla...


Estos íconos generarían una increíble pero aceptada marca indeleble que el mundo compraría sin discutir: la del espía limpio, impoluto, bien arreglado, vestido con clase y esmero, gozando de los mejores placeres de la vida, lejos de las experiencias reales vividas por agentes y soldados de carne y hueso en los frentes de batalla donde aún por esos tiempos y en secreto, se libraba una guerra violenta, descarnada e inhumana.
El público asistía absorto y ausente a la primera manipulación psicológica masiva que el hombre ejerciera sobre el hombre.

Fleming, absolutamente inocente y casual, inició la tarea. El cine la perfeccionó y completó. La venta masiva de una ilusión que solo existió en la mente de él y el resto de los creativos y que la gente consumió por necesidad.
En especial los propios ingleses, que veían en la fantasía de Bond lo que sus verdaderos agentes secretos no podían lograr en la realidad: dominar la penetración soviética que de la mano de celebres “topos” desestabilizaban a la sociedad y el gobierno desde dentro de sus propias entrañas.

Para ilustrar debidamente ésto, sería conveniente que el lector refrescara conocimientos sobre quienes eran Donald Duart Maclean, Guy Francis De Moncy Burgess y Harold Adrian Russell "Kim" Philby, y así comprender mejor esta teoría. 
O que leyeran a John Le Carre o den un vistazo a la película “El Topo”.

Los ingleses intentaron calmar la ansiedad de solucionar a través de la literatura lo que no podían resolver en la vida real.
Lo mismo que los americanos hicieron años después en el cine con Vietman: ganaron en las pantallas la guerra que perdieron en la realidad cotidiana.

La irrupción de Bond en el ámbito del cine no hizo más que imprimir a sus libros una inyección de vitalidad notable.
Fleming llegó a ver al menos sus dos primeras apariciones y participó en el desarrollo de la tercera.
Como dato curioso, cabe citar que nunca le conformó la elección de Sean Connery en la personificación del personaje.

Connery y Fleming durante la filmación de "Dr. No" (gentileza de daily.greencine.com)


Connery, Shirley Eaton y Fleming durante la  filmación de "Goldfinger" (gentileza de  hmssweblog.wordpress.com)


Los libros habían ido escalando posiciones en los gustos de los lectores y en las listas de ventas. La fiebre Bond se hacía sentir y se esparcía de manera silenciosa por todo el planeta a paso lento pero seguro.
El presidente Kennedy le dio un espaldarazo muy oportuno al citar que en su mesa de luz descansaba “Desde Rusia Con Amor” como uno de sus preferidos a la hora de la lectura.


(hbirddesigns.com)


Alan Dulles, jefe de la CIA por aquelos años, dejó caer un comentario brutal mencionando que todo agente de la agencia debería leer los libros de Fleming como una forma de comprender ciertas situaciones a las que se encontraban expuestos. No me consta que esto sea cierto. 
Pero para los fines de promoción de la época, los resultados están a la vista.

Todo esto marcó un antes y un después en el trabajo de Ian Fleming. O al menos en la valorización de su producción. Falleció en 1964 cuando “Goldfinger” aun no se había estrenado, y ya habían pasado dos de sus libros a la pantalla: “Dr. No” y “Desde Rusia Con Amor”.

Tapa de una de las ediciones de "Goldfinger" (de la colección personal del autor)


Retomando la línea abierta en la primera parte de esta nota, cabe hacer una puntualización en dos sentidos acerca de cuales fueron los motivos subyacentes del éxito de la invención de Fleming.

Creo que apuntaron a dos flancos débiles de la sociedad de aquel entonces.
El primero, como dije, referido a resolver en el papel y la pantalla lo que no se podía controlar en la vida real.
Los servicios de inteligencia británicos eran el hazmerreír de la época; por ende, hacía falta una figura imbatible, superior, leal y abnegada que pusiera la protección y la representación de la corona por encima de todo.

El segundo, siempre como una opinión personal y discutible, iba sobre la doble moral de la sociedad mundial en general y sobre la inglesa en particular, respecto a lo que era política y socialmente correcto e incorrecto.
Bond representaba, exento de cualquier tipo de responsabilidad, culpa o remordimiento, los deseos irrealizables de la mayoría de los mortales.
Desde poseer a la mujer que se deseara, hasta matar autorizado por el gobierno, pasando por recorrer el mundo en aras de salvarlo haciendo derroche discrecional de los fondos aportados por los impuestos de los cumplidores ciudadanos. Todo esto sin tener que rendir cuentas a nadie; salvo a su superior en contadas ocasiones ¿Quién no hubiese querido rendir examen para probar obtener la licencia Doble Cero?



Emblema y sigla del Servicio Secreto Británico


Es fenomenal. Todo puede ser hecho en nombre de la defensa y protección del Reino y los súbditos ¿Quién no quisiera estar amparado bajo ese paraguas?

Las historias del escritor reivindicaban la desastrosa imagen que por esa época martirizaba a los servicios secretos ingleses. La enorme cantidad de escándalos que los acosaban iban desde infiltrados, agentes dobles, escándalos sexuales, perversiones y otras yerbas, todo protagonizado por hombres en cargos de primera línea en el gobierno británico. El bochorno era inaudito.
Los casos de Philby, Burguess y Maclean, siguen siendo estudiados en círculos de inteligencia como referentes aleccionadores de lo que no debe ocurrir en toda organización que se precie de seria.

Por otro lado Bond vino a exponer sin tapujos lo que hasta ese momento otros solo insinuaban, haciéndolo no solo explícito sino además justificado.
El asesinato en nombre de la libertad y la protección del mundo occidental y capitalista, el consumo excéntrico, la falsa cultura snob del refinamiento basado en falsos preceptos, la falta de escrúpulos o el proceder libre de remordimientos eran ingredientes irresistibles a la hora de elegir qué consumir por parte de los lectores y espectadores.

Ni que hablar del tema sexo, del trato machista y la reducción de la imagen femenina a poco menos que una figura decorativa, siendo viable de usar y descartar a juicio y elección del frío hombre que siempre actúa en y por el nombre de la Reina.

Una línea memorable al respecto, se encuentra en “Operación Trueno” (“Thunderball” en el original) aventura en la cual Bond debe encontrar dos bombas nucleares tomadas de un avión Vulcan de la Real Fuerza Aérea, secuestrado y oculto.

Luego de una maratón sexual notable entre una agente enemiga y el propio Bond, la agraciada y voluptuosa mujer seducida (o seductora, depende de que lado lo veamos) deja entrar a los esbirros a sus órdenes para que dispongan de Bond.
Su comentario al pasar es referido al gusto mutuo que el encuentro produjo.
Sin que un solo músculo se le mueva, la respuesta de Bond es, textual, “Ni por un momento se me ocurrió algo semejante. Solo lo hice por la Reina y la Patria”.

Hasta ese momento, pocos o casi ningún filme exponía de forma tan cruda el sadismo, la violencia y la frialdad como lo hacían los filmes Bond. Éstos expresaron durante la primera mitad de la década de los sesenta, un sentido explícito evidente.
Los libros incluían ya ciertos aditamentos por demás llamativos y perversos, pero el punto de giro que le dieron los filmes a las historias originales fue definitivo.

A la vez, como cité anteriormente, Bond reivindicaba tanto en los libros como en los filmes el desastroso desempeño que los servicios secretos ingleses tuvieron después de la guerra en la vida real.
Recordemos que fue necesaria la entrada de Estados Unidos en la guerra para que el equilibrio de dominación beneficiara lentamente a los europeos. Solo tres años después de esto los aliados lograrían volver a poner pié en el continente y empezar a empujar a Hitler de vuelta hacia Alemania.

El rol que les tocó jugar y vivir a los ingleses en estas épocas y las posteriores, hablando de seguridad nacional, secretos y contrainteligencia, fue poco menos que paupérrimo.
Bond, en contrario a la realidad, encarnaba el espíritu de lucha, lealtad, patriotismo y sagacidad puestos al servicio de la Corona que a los protagonistas reales de la historia les faltaba. Poco importaba que para llevar sus misiones a buen término se echara mano sistemática a los métodos más radicales de acción, entre ellos la tortura explícita, el secuestro, el sabotaje y el asesinato. Nada diferente de lo que hoy leemos en los diarios de todos los días; solo que hoy estamos acostumbrados. Por aquellos años la locura recién comenzaba y había quienes creían que lo que ocurría en otras sociedades nunca iba a ocurrir en la propia. Se equivocaban.
  
Veremos en entregas sucesivas cómo esta particularidad fue rápidamente utilizada, primero para garantizar la facturación desmesurada nunca vista antes en las salas de cine y un poco después, para suavizar la imagen del agente británico hasta convertirlo en un héroe casi familiar, rozando los límites de lo caricaturesco en su segunda etapa a cargo de Roger Moore.


Si la primera etapa Bond (1962 – 1968) con el rostro de Sean Connery estuvo signada por los conceptos de los que hablamos anteriormente (violencia, sadismo, sexualidad y sensualidad), lo cual distinguía al agente de cualquier otro imitador, la segunda (1971 – 1985) estaría enfocada al divertimento familiar y la sucesión de aventuras inefables, con mucho de imaginación, buenos recursos técnicos y precisas historias que llevaban a soñar a los espectadores.
Si no, vean un adelanto en “Moonraker”. 
Bond sobrevive al carnaval carioca y a las Cataratas de Iguazú, para llegar cabalgando vestido de gaucho a las puertas de una iglesia jesuíta.