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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Operation Sea Wolf - El Libro / Entrega 3




2-



La lluvia llevó alivio a la ciudad cuyo cemento hervía. Randale miraba desde la altura de la ventana de la habitación, como el agua caía sobre los techos de los vehículos. Miles de líneas rápidas que se sucedían una tras otra para alcanzar veloces el suelo. Recordó el camino que las trazadoras marcan en la oscuridad.
La habitación tenía una mesa redonda y dos sillas bastante cómodas donde eventualmente se podía trabajar. Binder había puesto sobre ella una cantidad de papeles que Randale había estado mirando sin decidir aún que hacer.
En principio, el acuerdo de subir a revisar la documentación que tenía enfrente se basaba en un pago efectivo de diez mil dólares que Binder le tiró por la cabeza abajo en el lobby, luego de revelarle el motivo del contacto.
Allí abajo, Binder había sacado un sobre rectangular del bolsillo. El papel era perlado y tenía un gramaje importante. Iba cerrado por uno de los lados más cortos.
Se lo pasó al irlandés a través de la mesa y lo dejó frente a él. Randale lo abrió sin dejar de prestar atención al hombre de ojos claros y sonrisa fácil. Echó mano al sobre y dio una ojeada al interior. Asomó mínimamente tres billetes al azar para ver y tocar.
- ¿Perdón?
- Aunque sea acepte revisar la documentación. Esos serían sus honorarios. Los archivos están arriba, en mi habitación.
Y Randale entró en el juego. Manso… Inocente.
- Binder ¿Quién lo banca? - Cerró el sobre, lo apoyó sobre el vidrio de la mesa y lo deslizó devolviéndolo.
- Que importa eso - Retrucó sin dejar de sonreír - Como dicen los yanquis “just bussines” mi amigo.
- No soy su amigo y ésta situación empieza a rayarme. No lo tome a mal pero… No lo conozco, aparece manejándose como si fuésemos íntimos, saca un plumero de verdes para hipnotizarme… Usted no me necesita a mí. Usted necesita un explorador de la National Geographic.
- Necesito a alguien que sepa defenderse, en caso de que “alguien” pretenda no permitirme llegar a donde quiero.
Lo dijo serio y frío. Randale ya había visto una muestra de eso. Le clavó la mirada al irlandés, manos sobre los apoyabrazos, piernas separadas, cuerpo hacia adelante. El hombre atacaba.
- Necesito a alguien que accione la cola de un disparador sin dudar. Y usted “Irlandés”, tiene buena experiencia en eso.
Importante par de datos revelados que pertenecían a lo más privado y particular, secreto podía decirse, de su vida.
Definitivamente a Randale se le estaban volando los pájaros. Cabían dos posibilidades: que “El Toro” hubiese hablado de más, cosa que Randale dudaba, o que alguien le haya vendido información a este payaso. Que él supiera, no existía un legajo suyo en ninguna parte. Aunque había que empezar a reconsiderar esa cuestión.
- Lo que acabo de escuchar me irrita y me preocupa.
- Sí, es entendible.
- ¿Entonces?
- Entonces que los… “inversores” para los que trabajo creen en una aproximación frontal, coercitiva, yo creo más en las asociaciones colaborativas.
Randale se quedó callado evaluando la situación. Si se paraba y se iba, tenía la sensación de que iba a ser mucho más perjudicial que si trataba de resolver ahora mismo la situación. De todas formas, ninguna de las dos le conformaba.
- ¿Quién le habló de mí?
- Un par de personas. Lo tienen en alta estima por lo que entendí.
- ¿Y cómo sabe que no le mintieron?
Sonrió seguro de lo que tenía en la mano.
- Es gente seria, usted lo sabe, y hay pruebas que demuestran su capacidad. ¿Creyó que armando una fachada legal, pagando sus impuestos y llevando una vida discreta puede desentenderse de su pasado? Está completamente equivocado. Claro que entiendo - continuó después de ver que Randale lo observaba en silencio - la decisión de volver e instalarse aquí. Este país es un manto de niebla, cualquier cosa se puede ocultar debajo de él. Ya lo hicieron otros antes. Desde 1945 en adelante; siempre hubo un amigo dispuesto a dar una mano.
Subió un punto más el nivel de intimidad de la charla. Le habló confidente, casi en un susurro; esto ya se parecía a la danza que el macho hace alrededor de la hembra previo a copular feroces para prolongar la especie.
- A ver Randale, esto es simple. Usted acepta un trabajo por el que va a cobrar muy buenos dividendos. Hace lo que sabe, teniendo un ojo atento a cualquier complicación, y cada uno sigue por su lado. Y lo más importante: nadie le refriega una carpeta con información en la cara. Como le dije, “just bussines”.
- Y tengo que creer que la mención a cierta información sobre mi pasado va a ser olvidada automáticamente…
- “Vivir y dejar vivir” es el lema. No somos chantajistas baratos mi amigo, no nos dedicamos a eso. Eventualmente, en caso de tomarla contra usted o cualquier otro, es más fácil “cortarlo” o hacer que su propia gente le caiga encima.
Ahora Binder empezaba a utilizar vocabulario específico. En la jerga que pertenecía a los servicios de inteligencia, “cortar” significaba matar, lisa y llanamente. Con lo otro se refería a complicar la situación con alguna causa armada de la que difícilmente uno saliera entero.
- Podemos decir que estoy apretado entonces…
- No, no, no - exclamó entre preocupado y ofendido el otro - No me mal interprete. El dato que dejé caer me lo pusieron en la mano por si era necesario. Insisto, yo creo en el consenso. Acepte el trabajo… Por favor; va a ser mejor para ambas partes ¿no lo ve así?
No había mucho para elegir. Si se iba por la puerta y le daba la espalda a Binder ahora, no sabía que le podía caer encima después. Si aceptaba la oferta, en cambio, siempre podría devolver el golpe si la cosa se complicaba. Él también contaba con recursos para neutralizar al tipo sin mancharse las manos. El problema más serio vendría después, con quienes aparecieran detrás de él…

Y así fue como se embolsó de nuevo el sobre y aceptó subir a la habitación con Binder.
Los papeles y carpetas que había sobre la mesa pertenecían a archivos diversos, todos antiguos y redactados en lenguaje muy técnico y con expresiones que denotaban haber sido escritos en otros tiempos. Había papeles escritos en alemán, en inglés, en portugués y en italiano.
Algunos llevaban la marca de agua del águila con alas extendidas, llevando entre sus garras la corona de hojas de roble que contenía la cruz gamada. Otros mostraban un círculo con la leyenda “Fascismo e Libertá”, enmarcando un fasces romano, una especie de mazo de grueso tronco que llevaba adosado una hoja de hacha. Era uno de los distintivos del régimen de Mussolini en la Italia de la Segunda Guerra.
- Esta es parte de la documentación que nos trajo a entender que lo que buscamos está aquí en el sur.
- Y que sería…
- En lo que a usted concierne solo una caja. Una caja que debe estar metida en un compartimento en la quilla del submarino hundido.
- Para empezar a ponerle un poco de orden a todo esto. Primero y fundamental ¿Tiene la ubicación exacta de lo que busca o solo suposiciones?
- Tengo el dato que durante años mal interpretaron quienes intentaron localizarlo hasta ahora y tengo la respuesta a ese error. No conozco la ubicación exacta, pero sé dónde buscar.
- ¿Alguna idea de a qué profundidad está?
- No más allá de los treinta o cuarenta metros.
- Treinta es una cosa y cuarenta otra.
- Me refiero a que no está perdido en las profundidades. La nave no se hundió por accidente. La hundió la tripulación luego de evacuarla. Hay constancias muy precisas de ello.
- Quiere decir que voluntariamente eligieron un lugar cerca de la costa, desde donde la tripulación se pudo poner a salvo y, a la vez, depositar el submarino eligiendo también el lugar donde se hundiría.
- Así es.
- ¿Cuándo fue eso?
- Agosto, septiembre de 1945.
- Hay documentación en el Museo de Submarinos de Mar del Plata respecto a eso. Hubo mucho revuelo con varios avistajes que se produjeron en la zona ¿Sabía eso?
- Sí. Como también sé que en 1998 la Armada montó un operativo del que participaron un rastreador, un par de aviones de la escuadrilla de operaciones anti submarinas y cantidad de buzos, pero o no encontraron nada o se lo callaron. De todas formas, no hubo comunicación oficial sobre el resultado de la búsqueda.
- Concretamente ¿Con qué información cuenta usted que pueda ser de utilidad y certificada?
- El servicio secreto de la marina alemana, el Abwehr, lanzó un plan de evacuación cuando supieron que la guerra estaba perdida. La marina tenía bases de submarinos tanto en Noruega como en Francia. Las noruegas eran más difíciles de utilizar por el clima; pero cuando Francia fue recuperada por los aliados, no les quedó otra que volver allí.
- Aunque haya sido por poco tiempo.
- Correcto. Ahí es donde empezaron a ejecutar el operativo que tenían guardado. Éste consistía en reunir una flotilla de submarinos en la base que aún tenían funcionando en Noruega. Éstos serían cargados con documentación, materiales y personas y se despacharían con la intención de llegar a las costas patagónicas argentinas. Aparentemente unos once se reunieron y solo dos llegaron a la altura de Mar del Plata. Aunque las constataciones que hay del caso fueron deliberadamente manipuladas.
- ¿Para qué?
- No es el “para que” lo que importa sino el “por qué”. La Marina de Guerra Argentina pretendía quedarse con los navíos y con la tripulación para aprovechar el material y la información para el desarrollo de su propia fuerza. Obviamente que la presión de los aliados impidió eso. Pero no se sabe si antes de entregar lo que entregaron no se “perdieron” cosas.
- ¿Por ejemplo?
- Gente, armas, dinero, documentos… Se cree que, primero, no eran dos sino tres los submarinos que llegaron en esa ocasión. El U-530 y el U-977 pudieron estar acompañados de un tercer navío. Mientras los dos primeros se rendían, el tercero se fugaba con lo que los otros dos pudieron aportarle. Éste es el que buscamos.
- Pero para estas alturas, en caso de encontrar los restos, no creo que haya nada en muy buen estado de recuperación después de casi setenta años ¿Sabe lo que el mar hace con las cosas que se engulle?
- Lo que nos interesa, seguramente fue embalado cuidando las particularidades del caso.
- Aun no entiendo una cosa ¿Qué sabe o tiene usted de diferente que no tuvieron las expediciones anteriores, las que fracasaron?
- La interpretación correcta de las señales que refirió la tripulación al marcar el lugar de desembarco.
A Randale no pareció hacerle efecto la revelación. Se limitó a un sonoro “Mmm…” y a una fruncida de trompa.
- Es una cuestión de interpretación más que de traducción. Creemos que se interpretó mal una palabra al marcar el lugar donde la tripulación abandonó la nave.
- Notable. Y dígame una cosa… ¿Habrá alguien más acorde con quien pueda hablar de manera más… técnica respecto al tema?
Binder sonrió y se restregó las manos.
- ¿Significa eso que acepta el trabajo, entonces?
- No lo festeje. No tengo mucha opción y tampoco me da la impresión de que con eso me salgo del brete. Pero por ahora es lo único que tengo.
- ¡Excelente, excelente! - se acercó a Randale y le tomó la diestra entre sus manos estrechando un apretón - Le garantizo personalmente que acaba de cerrar un trato formal en el que no se mezclarán cuestiones personales con cuestiones profesionales. Cualquier cuestión que pueda parecerle coercitiva queda fuera de toda discusión. Insisto, se lo garantizo personalmente.
- Ok lo tomo como única garantía.
- Excelente. Ahora los detalles. Por donde quiere empezar ¿Honorarios, logística, equipos?
- Condiciones.
- ¿Por ejemplo?
- Tengo mi equipo de trabajo. No trabajo con nadie más que con ellos.
- Entiendo. No tengo objeción en ello. Solo voy a exigirle que le haga lugar a alguien de mi confianza para que esté a su lado.
- No hay lugar para principiantes, créame. Y no los tolero bajo ningún punto de vista.
- No es principiante ni amateur. Se trata de un profesional en el campo de la arqueología submarina. Buzo y científico.
- ¿Y qué espera que haga con él si las cosas se ponen calientes? ¿O acaso no arrancó haciendo esa salvedad?
- No me importa el detalle. Mientras cumpla con la parte que le toca, si se convierte en un “daño colateral” no es mi problema ni el suyo.
- Ya veo… Y según usted es necesario incluirlo.
- Indispensable. Es quien colaborará con la ubicación y certificará que lo que buscamos sea auténtico.
- Mierda… - Masculló el irlandés por lo bajo.
- No se queje hombre. Piense que ni siquiera le impugné a su gente ¿De cuántos hablamos?
- Dos colaboradores.
- ¿Dos? ¿Nada más? ¡Pensé que hablábamos de una banda de diez o quince tipos! No hay problema hombre ¿Qué más?
- ¿De qué hablamos en cuanto a tiempos? ¿Dónde está su experto? ¿Cuándo pretende hacerlo? ¿Cuándo podemos empezar? Todavía no hablamos de honorarios. Creo que vamos a estar un largo rato ocupándonos de detalles.
- Seguro. Pero por partes. La idea es montar la operación en este momento. A partir de ahora y en el menor tiempo de ejecución posible. Estamos en una época del año favorable. Buen clima y movimiento de gente. Cualquier cosa que hagamos estará dentro de un tránsito de turistas que van y vuelven de sus vacaciones. Nos plegaremos a esa corriente que nos ayudará a pasar desapercibidos. Recuerde que quiero discreción en todo momento y bajo toda circunstancia. Y quiero poner en marcha la operación ahora mismo.
- Estoy de acuerdo. Además prefiero evitar meterme al agua en el sur después de abril.
- Bien. Por mi parte estoy en condiciones de resolver dos puntos en este mismo momento. El primero, sus honorarios ¿Cómo se maneja?
- El valor real del trabajo dividido en dos partes. El treinta por ciento depositado como cualquier pago en una cuenta local, para poder justificar impuestos y facturación. El setenta restante en una cuenta en el extranjero con todas las garantías del caso.
- Hecho ¿Qué más?
- El pago es limpio en concepto de honorarios profesionales. No gasto un centavo en nada que insuma recursos por movilidad, equipos, personal, traslados o cualquier otra erogación que aparezca.
- Entiendo. Los costos corren por mi cuenta. Hecho.
- Si necesito equipo adicional, lo provee usted. Después se ve quien se lo queda.
- De acuerdo.
- Ahora solo resta ponerse de acuerdo en el número.
- Pues piénselo mientras le presento a quien va a acompañarlo.
- ¿Está aquí?
- Un piso más abajo. Ya vuelvo.

Y entonces Randale se dedicó a prestarle atención a un par de detalles importantes de los que debía ocuparse.

miércoles, 25 de junio de 2014

HISTORIA EN FOTOS - ¿TE ACORDAS DE ESTA TAPA?

Pasarella, antes de la B y "El Campeonato Económico", levanta la Copa del Mundo


Lunes 26 de junio de 1978. La Selección Argentina de Fútbol llevaba horas de haber alcanzado su máximo logro en la historia al haber derrotado a Holanda en la final del campeonato del mundo.
La gloria había bajado del cielo y se había instalado entre nosotros.
La tarde del domingo se presentó fría y nublada; soplaba un viento importante desde el río y sobre las tribunas de la cancha de River. Parecía que el aguanieve empezaría a caer en cualquier momento.
Yo caminaba entre Chilavert y Malaver, estaciones del Ferrocarril Mitre del Ramal Suarez. Iba emponchado y con mi reglamentaria bandera argentina gigante atada a una caña de tacuara, caminando para la casa de mi amigo Martín Barracosa a ver el partido por TV.
No terminaron de pitar el final que ya estábamos corriendo a la calle para alcanzar el primer tren que pasara para ir para el centro a juntarnos con los otros miles que hicieron lo mismo.

Así festejaba la gente
 (Propiedad de Banco de Imágenes Santa Isabel)


De repente el país entero era una gran fiesta. En la realidad en la que si te encontraban en la calle después de las diez de la noche solo te llevaban adentro, ese domingo estábamos todos de gran joda, en las calles y sin importarle a nadie quien era mayor de dieciocho. 
Subimos corriendo la cuesta de la Plaza San Martín, nos metimos por Florida inundada de papelitos (El
Gordo Muñoz discutía vía medios con el personaje de Caloi, "Clemente" este tema) caminamos por Lavalle
y salimos a la 9 de Julio para ver la mayor concentración de gente que habíamos presenciado desde que teníamos memoria. El tránsito estaba cortado, bueno, a medias. La gente inundaba las calles y los coches se metían igual y todo era un caos y a nadie le importaba nada.
Hasta la Policía sonreía... ¡Lo que logra la pelotita!


Av. Corrientes al 600, metros antes de llegar a Florida. La gente invade las calles.
A la derecha se ve el cartel del King´s Hotel, a la izquierda el del Liberty y de fondo, sobre la misma vereda,
el de Héctor Pérez Pícaro, El Trébol de la Buena Suerte, el Garbarino o Rodo de la época.


No tengo idea de que hacíamos salvo maravillarnos y participar de la fiesta. Costaba tomar conciencia del logro. Durante los meses sucesivos no había semana en la cual alguien no organizaba algo para homenajear a los campeones. Les regalaron desde autos hasta menciones especiales, títulos honoríficos y electrodomésticos. Todo era válido para mantener vivo el espíritu de triunfo.
Hoy, muchos de esos mismos idolatrados jugadores de fútbol están pasando miseria y algunos hasta comen de la limosna ajena... Somos así. Está en nuestra genética. Vale tanto para los jugadores como para la gente.

Por esos raros avatares del tiempo y la memoria me acuerdo todo el recorrido que hicimos (y porque lo hicimos) volviendo por Corrientes, donde me crucé a mi compañera de siempre en la primaria, Adriana Calvo, con la que hice desde jardín hasta quinto grado y nos sentábamos juntos (toda una definición en sí de lo que "nos unía") que por su puesto no me reconoció y me miró con cara horrorizada pensando que era un aprovechador del momento para encararla con la excusa del fútbol.
En Corrientes y Esmeralda dos niñas mayores nos sonrieron y bailaron con nosotros al son de una banda de desaforados que le daban a los parches, bombos y redoblantes como si quisieran que se escucharan desde Colonia. Increíble... El campeonato del mundo lograba que hasta chicas más grandes que nosotros nos dieran bola...
Casi cuarenta años después vengo a descubrir que no fuimos nosotros quienes las deslumbramos por mérito propio... ¡Que tristeza! Nunca se lo revelé a Martín, a quien de grandes no vi nunca más, valga la aclaración.
Nosotros teníamos quince añitos, las chicas contaban con no menos de veinte y estaban para seguirlas caminando del Obelisco hasta el Palmar de Corrientes. Pero lo nuestro fue más modesto. Seguimos con la vista fíja en sus posaderas por Esmeralda hasta Santa Fe y desde ahí hasta el Botánico...
Un trámite para nosotros que eramos de caminar largo; total del Botánico llegamos hasta la Estación Tres de Febrero y probamos volvernos a casa cuando ya eran casi las once de la noche.
Los trenes volvían repletos. Tuvimos que ir en uno de vuelta a Retiro y desde allí salir en uno vacío.
Nos subieron gentilmente gracias a la masa informe que se formó con las seiscientas treinta almas que se metieron al vagón al mismo tiempo. Por efectos de la física yo terminé derecho en uno de los porta equipaje sobre los asientos entre la puerta y el cambio de vagón. Desde ahí vigilaba que la cabecita de Martín no se moviera de donde estaba, encajando entre otros cuarenta que ni se movían ni parecían respirar.
En San Martín todo volvió a la normalidad y pude bajar del porta. Volví a reunirme con mi amigo y tuvimos tiempo de programar que haríamos al día siguiente, el cual descontábamos no tendría la obligación de ir a clase (Ja!! nos metieron a todos de prepo al colegio a los gritos y a los empujones) pero nos equivocamos "La Susana" nombre popular con el cual se conocía a la jefa de preceptores del Comercial de Ballester, nos hizo ver que el encandilamiento de haber logrado el título mundial no tenía la misma influencia hipnótica sobre ella que en el resto de la masa mortal que habitaba Buenos Aires.
Al grito de "Vamos para adentro" y con ese mismo "Clarín", del cual la tapa abre la nota, hecho un canuto, "La Susana" nos daba ánimos a seguir sus ordenes ayudada por un par de machetazos aplicados a nuestras juveniles cabezas.
Recordé allí y ahora un pasaje célebre, de la no menos célebre "Mafalda", en el cual Felipe hacía referencia a la tonfa de la policía como "ese palito de abollar ideologías"...
Así esa mañana también gélida del 25 de junio de 1978, mientras a nosotros nos arreaban adentro del colegio a los clarinazos, esa tapa de diario esperaba a la gente en la calle y la recibía cálidamente con una de la pocas buenas noticias que compartíamos como sociedad por esos tiempos.
Creo recordar como única la sorpresa de ver  a tanta gente junta un lunes a la mañana andar por la calle con semejante sonrisa...



La tapa de "Siete Días", la "competencia" de "Gente,
hace alusión a una discusión instalada en esos días
acerca de una disputa dialéctica entre los medios nacionales
y los extranjeros respecto a un boicot sobre la organización
y el uso que de esta hacía el gobierno militar.

Más que una simple foto, un documento de época.
Festejo, frase de cabecera del momento y el Rastrojero
dando testimonio de nacionalidad.

Así se abría el Mundial de Fútbol,
con una exhibición de cientos de alumnos de escuelas secundarias
que hicieron un trabajo memorable.
Carlos Surra, el otro amigo inolvidable, fue de la partida
entre esos alumnos.


El afiche oficial y la mascota del Mundial


Los campeones al momento de la final...

...Y unos años, bastantes, después. Se ve a (de izq. a der.) Gallego, Villa, Luque, Menoti, Housemann,
Passarella, Bertoni, Saporiti, Oviedo, Tarantini, Ortiz, Filliol y Galvan, de los que veo y reconozco


Otra hermosa foto de la fiesta de apertura. En esa figura, Carlos Surra formaba parte de la letra N

Y para el cierre un número de la revista de Clemente que se editó en aquel tiempo.
Obvio que haciendo referencia a la discusión que dominaba: Clemente quería cancha
rebosante de festejo y papelitos, José María Muñóz, el relator de peso en ese momento, quería una cancha limpia, ordenada y casi que ir de traje al partido, acorde con el pensamiento dominante...

viernes, 8 de febrero de 2013

Una Excursión Para Sentirse Indiana Jones

Los Castillos de Pincheira. 
Suena importante ¿no? ¿Alguien sabe de que se trata? Pues sería interesante investigarlo. Pero más interesante aún sería poder visitar el sitio donde se erigen.
¿Que son los Castillos de Pincheira?
27 kilómetros al oeste del cruce entre la Av. San Martín (RN40) y el cruce con la calle Fortín Malargüe, se yergue sobre la margen opuesta del camino que se transita una formación rocosa de peculiar aspecto que se conoce con el nombre de Castillos de Pincheira.
Al lugar se llega luego de recorrer un sendero de ripio seco y polvoriento; tal vez uno de los más tediosos de recorrer en todo Malargüe, pero vale la pena cada tramo por el hecho de llegar a destino. La ruta serpentea y cruza vados. Muestra taludes de tierra a ambos lados del camino desde donde aparecen de vez en cuando algunos animalitos curiosos. Un par de mulitas, o similares, nos han salido al paso y hemos tenido que esperar pacientes el cruce de grupos de chivos que liderados por el macho correspondiente recorría el lugar en busca de alimento.

Las piedras hacen resonar los bajos del vehículo y el mundo desaparece en el espejo retrovisor a causa de la polvareda impenetrable que el paso de las ruedas levantan y forma una nube. Depende la velocidad que le imprimamos, el viaje puede durar unos cuarenta minutos si se va tranquilo y con paciencia. Las sorpresas no son recomendables cuando se atraviesan 30 Kmts. de desierto.
Las formas se distinguen de golpe contra la monotonía del cielo. Unos picos serrados que parecen mesas a las que le cortaron dos patas resaltan contra el resto del paisaje: Esos son los castillos.
En medio de cerros de cuerpos cónicos y picos redondeados, el viajero no puede menos que maravillarse con esas formaciones que parecen implantadas desde otros lugares. El paisaje me hace pensar en varias posibilidades. Un cuadro lunar, los lugares por los que Indiana Jones desgrana sus aventuras o las tristemente célebres imágenes de tierras afganas tan de moda a partir de la guerra.
El camino nos deja a las puertas de un camping que ya desde la entrada me roba una sonrisa. Eso me gusta.
Un cartel pintado a mano, con letras prolijas y caligrafía con autoridad avisa que en ese lugar se cultiva la paz, los buenos modos y la paciencia; el andar tranquilo, las buenas formas y el respeto por los demás  Entonces, y como corolario de lo expuesto, invita quien lo escribe a que el viajero no trasponga el umbral si no comulga con estas formas o no se siente capaz de respetarlas ... Así de simple. Así de clarito. Así de franco.
Entramos nomas. Y no nos echaron; prueba de que cumplimos todos y cara uno de los requisitos exigidos.
Encontramos a la gente del lugar en pleno despliegue de trabajo; estaban a contra reloj del inicio de la temporada, luego del 31 de diciembre y lo que había por hacer era mucho.
La simpatía y la buena onda de las chicas a cargo del lugar hizo que dos veces más volviéramos a disfrutar de la tranquilidad y el sosiego que guarda el lugar.

Un camping enorme con pileta, lago, cascada  río y hasta puente colgante artesanal y de madera, tiene el lugar para maravilla de los visitantes. Un parque espectacular que no terminaba nunca y la visita permanente de los verdaderos dueños del lugar, que recorrían todo el espacio a sus anchas acercándose a ver quienes eran los extraños que venían de visita. Patos, caballos y una buena bandada de pájaros se acercaban con la docilidad de quien domina el ámbito a ver que hacíamos de nuestra vida.
Las fotos testimonian mucho mejor que yo el hecho.

Pero vamos un poco a la historia, a saber el porque del nombre y lo que se cuenta del lugar. Según el relato de los lugareños, y otras fuentes consultadas, Pincheira era el nombre de una familia cuyos hijos varones formaban una banda de ladrones y cuatreros que asolaron la región entre 1818 y 1832, tanto del lado chileno como del argentino. De hecho, los Pincheiras, eran de nacionalidad chilena. Su cabeza era el viejo Don Martín Pincheira, padre de seis hijos, cuatro varones y dos mujeres, de nombres Santos, Pablo, José, José Antonio, Rosario y Teresa.
El clan abrazó la causa realista durante la guerra de independencia chilena, lo cual les valió la caza de patriotas chilenos que se empeñaron en rastrearlos y echarles el guante. Pero al parecer los Pincheiras eran gentes de recursos. No solo lograron escurrirse de quienes los perseguían: tuvieron el descaro de sumar gente a su causa y armar así un grupo que llegó a tener mil hombres a caballo, todos organizados bajo una férrea dirección militarizada. En su origen, eran campesinos en su mayoría quienes unían sus simpatías a los hijos de Don Martín, pero luego forajidos, presidiarios, fugitivos y bandidos locales se sumaron a sus huestes reforzando las filas y desafiando a las autoridades.
A partir de 1822 se alían a caciques pehuenches lo cual les permitía no solo refugiarse a sus anchas en un vasto territorio, además tenían libre tránsito por los pasos de todos los valles desde Neuquén a Mendoza y el cruce asegurado a uno y otro lado de la cordillera. Ésto colaboró a que mucho del ganado que salían a robar hacia la zona de La Pampa y Buenos Aires consiguiera refugio en esas tierras hasta tanto organizaban su paso a Chile con fines de lucro, para seguir financiando sus actividades.
Habiendo escapado por gracia de Dios de una muerte segura en una emboscada chilena, los Pincheiras deciden establecerse definitivamente de éste lado de la cordillera (raro ¿no? No se porqué me suena la misma historia 200 años después) con lo cual su área de influencia y correrías se extendió a las provincias vecinas. San Luís, Córdoba y Santa Fe sufrieron sus recorridas.
Cercados por reiteradas asonadas de los ejércitos, tanto chileno como argentino, se entregaron a manos del gobierno chileno que los indultó a cambio de parte de lo que habían obtenido en tantos años de fechorías. Siendo así que se asimilaron a la vida común, los Pincheiras terminan asentándose en las tierras que hoy llevan su nombre.
El agregado de Castillos vino después a colación de que las formaciones rocosas, contrastantes con el resto que las rodea, realmente semejan aquellas fortificaciones conocidas de la edad media en las cuales altas murallas se erigían rectas y enormes, encerrando poblados para ser protegidos.

Pincheiras en un lugar para disfrutar. Desde un asado a la sombra de los árboles, pasando por un día espectacular que puede disfrutarse en la enorme pileta con solarium, hasta el mundo de aventuras que se abre solo con cruzar el puente colgante sobre el río... Pero eso será tema de otra nota; por ahora, solo disfrutar de la belleza del paisaje a través de un recorrido fotográfico.
Después piensen si los 27 Kmts. de ripio valen o no la pena...


Una de las vistas de los Castillos. Desde la cima del que se ve en el centro se tomaron las fotos que se ven más adelante

Vista de una de las dos lagunas. La otra se ve detrás y a la izq. la piscina.

Otra vista desde la laguna pequeña.

La enorme piscina con el detalle de tener pintado el nombre en su fondo.

El grupo que salió a recibirnos en el camino

Los mismos pero apurando el paso por el susto.

Merendando en la tranquilidad del paisaje y muy cerca de la cámara.

Uno de los Castillos vistos desde la base. Después vendría la escalada por la cara a la izquierda

Piscina y solarium

Una vez ganada la cima, vista enfrentada. Se ven lagunas y casco del camping.

Otros amigos que recorrían el lugar en busca de pasto y agua




El puente colgante, paso obligado para iniciar el ascenso a la cima de los Castillos.