Comentarios, notas, crítica, revisiones, recopilaciones, data y archivos sobre cine, T.V., novelas, gráfica. Libros del autor y otras menudencias...
martes, 22 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Operation Sea Wolf - El Libro / Entrega 4
3-
Carlos Szmuckler, apodado “Bigotes”, tenía los rasgos de
un basset hound calcados en sus facciones. Ojos azules de mirada triste y
bolsas que colgaban debajo; rostro alargado, barba siempre crecida de uno o dos
días, labios escondidos tras el bigote del apodo, cabellos de un rubio sucio
planchados sobre la cabeza por falta de higiene. Caminaba encorvado y fumaba
“Camel” de una manera compulsiva. Le importaba tres carajos la apariencia, la
aceptación del prójimo y la atención de las mujeres.
Al prójimo no le daba ni cinco, la apariencia era la que
había. Y si quería la atención de una mujer, la visitaba a Susana en su
departamento frente a “Maluco Beleza”, a unas cuadras del Congreso, y por
doscientos pesos (en una época llegó a agarrarle Ticket Canasta) compraba toda
la atención que necesitaba durante dos horas y media.
A las 17:35 sonó el teléfono. Mensaje de Randale. Sonaba
con el tema de James Bond, y decía: “Reunión de trabajo. Plantel completo.
Equipo estándar. Prepará cena. Chau cuerno”
El chau cuerno identificaba sin dudas que se trataba del
irlandés. El texto escueto y en forma de telegrama decía mucho más que lo
escrito. Daba toda una serie de instrucciones. Pero solo Bigotes y El Irlandés
lo sabían.
Miró por la ventana. El tiempo cambió con la lluvia.
Metió un buzo y varias otras cosas en una mochila. Envió un mensaje que decía
“Preparate. Paso en 30, nos vamos al taller. Hay trabajo” y lo envió al
contacto identificado como “Anchoa”.
Después envió otro a una tal Cynthia, preguntando si la
liquidación de verano ya había empezado; diez segundos después contestaron
“Fijate la vidriera del local”.
Por último, escribió dos notas breves; las guardó en
sendos sobres sin aclarar remitente ni destinatario. Salió de la casa a metros
de Avenida Yrigoyen en Valentín Alsina y encaró por ésta en dirección a la
Capital a bordo de un Fiat Adventure Locker con el ploteo de “Escuela de
Piratería Submarina”, la empresa de Randale sobre prospección y buceo.
El primer sobre lo puso en manos de un limpiavidrios en
Belgrano y Nueve de Julio que por $ 50 se lo cruzó a un rubio con facha de
turista que sacaba fotos del edificio con la cara de Evita, en medio de la
Avenida.
El segundo se lo llevó un canillita en Ayacucho y Santa
Fe a cambio de una revista “Lugares”. Tiró la revista al asiento trasero y
dobló por Santa Fe hacia Plaza Italia. Al 2200 observó el frente de un local de
lencería que estaba casi al final de la cuadra sobre la misma mano que iba. Una
empleada estaba pegando un coqueto arreglo en la vidriera que anunciaba “Summer
Sale Off - 60%”. Tomó nota mentalmente y buscó salir hacia Av. Del Libertador
para encarar hacia zona norte.
La versión electrónica de un viejo tema de “Ráfaga”
identificaba la entrada de mensajes de “Anchoa”. Odiaba la cumbia y todo lo
referente a la tribu que hacía de ella un culto. El nombrado avisaba que iba a
estar donde debía, cuando debía.
Por ahora, todo marchaba bien.
¿Con qué se aparecería el irlandés esta vuelta?
*****
Se suponía que Nino Venturini era policía. También se
suponía que había sido formado como tal. Ambas cosas eran técnicamente
correctas, pero realmente mentiras. En principio.
Recibió un mensaje por el teléfono “especial”; un Sony
XPeria entrado al país vía valija diplomática holandesa, del cual solo había
activos en el país doce. Y todos estaban en manos de gente del grupo de
Venturini.
“Comunicate” decía el mensaje. Venía del contacto
“Jefe”. Dos toques y el teléfono ya sonaba. Atendieron al tercer llamado.
- Nino…
- Jefe…
- ¿Cómo va eso?
- Aburrido.
- Me imagino ¿El resto está con lo del fiscal?
- Correcto.
- Que momento de mierda para elegir cuestionarte…
- Que se le va a hacer. Es así, según Murphy.
- ¿Quién?
- Murphy.
- ¿Quién es? ¿Alguien nuevo? No me avisaron…
- Murphy el de las leyes Jefe.
- ¡Ah...! Un chiste…
Silencio.
- Necesito que vengas. Tengo algo para que te
entretengas. No es oficial, así que vas a poder encargarte mientras no puedas
hacerte cargo de cuestiones de la Unidad.
- ¿Está en Leloir?
- Sí ¿En cuánto estás si salís ahora?
- No sé. Una hora, tal vez menos. Depende como esté el
tránsito.
- Ok, charlamos mientras preparo algo de comer.
- Me trata mejor que mi chica al final.
- Aflojando, que para puto ya hay mucho dando vuelta.
- Si; dentro de un tiempo nos van a señalar a los dos y
van a decir “¡Ahí van esos dos degenerados que les gustan las mujeres!”
- Basta Venturini, movete.
Nino se rio del otro lado.
- No vemos.
Cortó.
Nino sacó el Peugeot 207 de la cochera en Bartolomé
Mitre al 2000, en la misma cuadra del edificio donde funcionaba la Unidad.
Mientras, frente al CENARD, Bigotes ponía las balizas
para hacer un alto y levantar a Anchoa.
*****
Randale se quedó de una pieza cuando vio que “el
colaborador” de Binder era una mujer. Se había hecho de noche más rápido por la
tormenta, pero cuando ella entró, pareció salir el sol.
Tendría treinta años como mucho, daba mayor, pero no
adivinaba porque le parecía. Tenía piel muy blanca y rasgos angulosos, una
sonrisa cautivante y grandes ojos grises que iban muy abiertos. El cabello
abundante le caía en bucles sobre los hombros, aunque notó que lo llevaba
cómodamente corto. Tal vez por trabajar en el agua. Aunque no lo tenía
castigado. Los que pasaban mucho tiempo en el mar debían cuidarse el cabello si
no querían perderlo.
- John Randale, la doctora Juliette Landau. Nuestra
científica de campo.
Se estrecharon las manos. Los ojos de la doctora no se
cerraron ni la sonrisa se borró. Randale se dio cuenta que se parecía mucho a
una actriz de televisión, pero no podía ubicarla.
- Encantado doctora.
- Señor Randale, es un gusto. He oído hablar de usted;
será un placer trabajar juntos.
- ¿Mi currículum me precede? - Dijo incómodo el Irlandés
- No tenía ni idea de que era tan famoso - Y miró a Binder fastidiado.
- Por favor sentémonos. Doctora ¿toma algo?
- ¿Pedimos o algo de acá?
- Lo que quiera.
- Café por favor, con leche para agregar.
- John…
- Me arreglo con lo que hay aquí, gracias. Tengo que
seguir trabajando.
- Como quiera.
Solicitó servicio de habitación y en breve tiempo golpearon
la puerta y entró un joven empujando la mesa que traía café, leche, jugo de
naranjas, tostados y masas. El empleado se retiró tan rápido y silencioso como
había llegado, llevándose veinte dólares de propina en el pase. Randale lo notó
y se lo guardó para sí. No hizo comentario ni demostró interés. Solo tomó nota.
Si Binder repartía billetes a diestra y siniestra tenía un capitalista
importante respaldándolo.
- Por donde quieren empezar - preguntó Binder mientras
se hacía cargo del café de la doctora.
- Supongo que una charla informativa - Arrancó Randale -
¿Qué elementos tenemos que justifiquen mojarnos los pies? Quiero decir, han
hecho algún estudio previo, han chequeado fuentes… Los documentos que me
mostraron dan ciertas pistas, pero solo indicando dónde buscar. ¿Qué certeza
hay de que vamos a encontrar algo? ¿Qué certeza tenemos de que no vamos a estar
a tontas y locas viendo millones de pies cúbicos de agua sin resultado?
- El tema arranca, como la mayoría de las búsquedas, con
un enorme trabajo de biblioteca.
- Sí, me imagino por la cantidad de papeles que vi.
- Es que el punto estaba en chequear datos y especificar
otros. Es un recorrido de migas de pan, por decirlo de alguna forma.
- Indicios que llevan a otros indicios.
- Exacto. Y chequear y volver a chequear y rogar porque
no aparezca una línea alternativa…
- ¿Y cuál es esa línea principal que ustedes siguen?
¿Qué pretenden encontrar? ¿O que tiene ese naufragio en especial que todos lo
buscan?
- El resto no sé. Nosotros tenemos un objetivo muy
especial al que queremos echarle mano - Dijo de pronto misteriosa la doctora.
- ¿Y creen tener pruebas de que lo que buscan está ahí y
no en otro lado?
- Correcto. EL punto es que tenemos que ubicar el lugar
exacto.
- Tengo entendido que las búsquedas que se realizaron
hasta ahora fracasaron. Inclusive un operativo montado por la Armada Argentina
a fines de los noventa. Estuvieron quince días en el agua y no obtuvieron nada.
- Buscaban con datos equivocados - Aportó Binder,
también jugando al detective - Malinterpretaron un par de datos claves.
- Raro - Dudó el irlandés - A ese nivel y que se
equivoquen en detalles…
- Casi siempre ocurre - Aclaró Landau - Pasaron por
sobre el Titanic varias veces años antes de que Ballard lo encontrara en el
mismo lugar que ya habían explorado.
- Le doy la derecha a la doctora; es cierto.
- El error que se cometió es semántico - Aportó Binder
- ¿A qué se refiere con “semántico”? - Quiso saber
Randale
- A Palabras. Confundieron palabras. El nombre del cual
se hace referencia para marcar el sitio donde, supuestamente, hay dos
submarinos. Ahí no hay nada. Se habla de dos submarinos hundidos en Caleta De
Los Loros. Nunca se encontraron porque ahí jamás se hundió ningún submarino.
Hubo avistajes, no hundimientos. El lugar donde está lo que buscamos, es en la
costa de enfrente a Caleta de Los Loros. El lugar se llama Isla de Los Pájaros.
Al no haber otra referencia se indicó Caleta de Los Loros por Isla de Los
Pájaros. Y la misión del último U-Boot, un tercero del que pocos saben, no era
transportar sino guardar.
- Guardar lo que estamos tratando de recuperar - Dijo
Landau
Randale miró a uno y a otro como sopesando lo que
escuchaba. Si lo que decían era cierto, el problema estrechaba márgenes. Solo
era cuestión de posicionarse y relevar en espiral, de un punto hacia afuera.
Más tarde o más temprano darían con el naufragio.
- Por lo que yo veo, no sé cuál será su opinión - Dijo
dirigiéndose a Landau - estamos en condiciones de pasar a planificar el
operativo. No tiene sentido que sigamos hablando aquí.
- Si, me parece bien - Acordó la doctora.
- Creo que nosotros podemos abocarnos a preparar lo
necesario y arrancar. Si para mañana mi gente puede juntar el equipo que vamos
a usar, por la noche podemos estar en Mar del Plata. De ahí zarparemos a
primera hora del día siguiente y estaremos en marcha ya sobre el punto de
trabajo.
- Me parece genial - Dijo Binder con una sonrisa chanta
y restregándose las manos.
Randale anotó algo en una hoja y se la pasó.
- Usted ocúpese de hablar con esa persona. Es mi
abogado. Le explicará que tipo de papeles hay que firmar y cómo y cuánto deberá
ser depositado. Si se resuelve todo mientras nos ocupamos de los preparativos
de mañana, el trabajo sigue su curso. Si surge cualquier inconveniente,
suspendemos hasta resolverlo.
- Estoy de acuerdo - Y le extendió la mano a Randale -
Temenos un trato.
- Tenemos un trato - Aceptó Randale.
Y de mala gana le estrechó la diestra.
*****
Venturini llegó a la quinta de Leloir antes de lo
previsto. La casa estaba a varios metros del portón de entrada enmarcado en dos
gruesos pilares. Todo el diseño era colonial, antiguo, de buen gusto, bien
cuidado a pesar de haber sido construidos, casa y perímetro, más de cuarenta
años atrás.
Dos ovejeros alemanes enormes, jóvenes, aparecieron a
trote lento acompañando al amo cuando éste salió al llamado de la campana que
tañó Nino. El hombre tenía paso corto pero rápido; entrado en años y con una
envidiable figura enjunta, producto de muchos años de buena alimentación
digitada por su mujer. Llevaba la autoridad pintada en la parada.
Le franqueó el paso a Venturini y lo invitó a pasar. Un
apretón de manos firme y seco y se encontraban de camino a la casa. A una orden
del amo, los dos canes se quedaron de guardia en la puerta sin mosquearse. No
le prestaron ni cinco de atención a Venturini; aunque si hubiese hecho un
movimiento equivocado sobre la persona del dueño de casa, los dos le hubiesen
destrozado la garganta en segundos.
La cocina era, tal vez, el ambiente más grande, mejor
provisto y más concurrido de toda la casa. Dos de las cuatro paredes eran
ventanas hasta la altura de la cintura; por debajo de éstas, una mesada
recorría todo el largo. Ollas, cacerolas y utensilios colgaban de las paredes;
había infinidad de frascos llenos de granos, hojas y conservas. Aquí y allá
objetos varios; taburetes, un mueble con un TV de 40 pulgadas, microondas,
horno eléctrico, cafetera y otras yerbas. En el centro, la cocina y a su lado
una gran mesa de madera que más parecía un banco de carpintero, rústico,
grueso, pesado. Un taburete estaba preparado en un lateral con una copa
delante.
El comisario inspector Gattás invitó a tomar asiento y
se calzó el delantal negro y rojo para iniciar el ritual de la cocina.
- Empecé adelantando algo. Espero no te ofenda - Dijo
con un vozarrón profundo pero modulado en volumen.
Tenía el cabello entrecano cortado muy corto, ojos
negros como la noche, nariz prominente y un grueso bigote prolijo, bien
cuidado, que acababa de pintar la fisonomía árabe de una manera impactante.
- No hay problema. ¿Y su señora?
- Nietos. En Martínez. Se va para allá y se queda unos
días. Prefiere lidiar con varios chicos y no con un solo viejo pelotudo y
cabrón.
Hubo risas mientras el corcho de un malbec sonaba a
largada de carrera.
- Mucho alboroto allá ¿no? - Dijo haciendo referencia a
la Unidad.
- Ni idea se da. No hay nadie en la oficina. Están todos
ocupados al tema del fiscal.
Gattás paró de picar cebolla.
- No jodas.
- Así como le digo.
- ¿Y no fueron capaces de reincorporarte estos jodidos?
- No… - Había una resignación profunda en la voz de
Nino.
- No importa; que se jodan. Agarrá eso - Dijo señalando
una carpeta de grueso cartón marrón.
Adentro había una foto de un tipo joven, de rasgos
nórdicos, que empujaba un carrito en el hall de un aeropuerto. Un grueso de
unas veinte o treinta hojas seguían a la foto y en el filo de la tapa había una
etiqueta con datos.
- ¿Quién es?
- Lo conocemos por Rürhe. Viaja con pasaporte noruego.
Legal, aparentemente. Tiene conexiones con células nazis en un par de lugares
de Europa, países del norte principalmente. Habría que echarle un ojo para
saber a qué vino. Pensé que te podías hacer cargo.
- ¿Por adentro o por afuera de la Unidad?
- Me da igual. Pero dado como están las cosas no creo
que pueda ser por adentro… ¿no?
- No. Seguro.
Gattás picaba ingredientes y separaba en pequeños bols.
Venturini siempre se sorprendió de que dominara y le gustara tanto la cocina
árabe como la italiana. Aporte de padre y madre decía el comisario retirado.
- Entró hace unos días y se alojó en un hostel de
Congreso. Pero se fue un día después de registrarse y le perdimos el rastro. En
realidad nadie lo busca por nada en especial, pero necesito que una vez lo
ubiquen vos te hagas cargo de ver que hace, a quien ve. Queremos saber si la
visita es casualidad o tiene relación con el caso del fiscal.
- Me está jodiendo… - Venturini detuvo la copa camino a
la boca y lo miró por sobre el filo.
- ¿Por?
- Poco quilombo tenemos y sumamos gente…
- No sé. No tengo idea si tiene o no que ver con algo.
Pero mejor estar atentos. Para estar boludeando ya están los otros ¿no? Lindo
quilombo se echaron a las espaldas. No va a quedar ninguno, los van a limpiar a
todos. En menos de quince días están todos sumariados y en la casa mirando por
televisión como los disecan para el pueblo.
- ¿Esto es para leer? - Preguntó volviendo a la carpeta.
No tenía ganas de entrar en el otro tema.
- Sí. Te va a ayudar a entender al tipo. Anda
organizando comités y da charlas allá en Europa. Interpol le puso un ojo cuando
un par de muñecos con los que trató aparecieron en ISIS…
- ¡Ah, bueno! Estamos todos…
- Estos pibes, con el quilombo de la revista francesa,
saltaron en los avisos de retenes policiales. Tarde. Habían salido por Turquía
tres meses atrás. Los de allá creen que este muchacho está fichando o
reclutando gente para la causa del Estado Islámico.
- Y viene acá a ver qué onda…
- No sabemos. Eso es lo que hay que averiguar. Donde va,
con quien se ve, cuanto se queda… La entrada acá le fue facilitada por
camaradas locales.
Venturini resopló. Tenía la humanidad un poco saturada
de que vinculen a los organismos de seguridad y defensa a la lacra
nacionalsocialista; pero la historia pesaba.
- Te llevas eso y arrancás mañana mismo. Ahora pasame el
aceite que voy a empezar a dorar estos pedazos de bife de chorizo mientras le
agrego ajo, cebolla y ají. Servite otro vino y cambiá la tele si querés. Yo no
estaba mirando nada.
Y la
velada discurrió entre charla de recetas, cocina y política internacional
vinculada a su trabajo. Jamás hablaban de política local. No era su problema.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Operation Sea Wolf - El Libro / Entrega 3
2-
La lluvia llevó alivio a la ciudad cuyo cemento hervía.
Randale miraba desde la altura de la ventana de la habitación, como el agua
caía sobre los techos de los vehículos. Miles de líneas rápidas que se sucedían
una tras otra para alcanzar veloces el suelo. Recordó el camino que las
trazadoras marcan en la oscuridad.
La habitación tenía una mesa redonda y dos sillas
bastante cómodas donde eventualmente se podía trabajar. Binder había puesto
sobre ella una cantidad de papeles que Randale había estado mirando sin decidir
aún que hacer.
En principio, el acuerdo de subir a revisar la
documentación que tenía enfrente se basaba en un pago efectivo de diez mil
dólares que Binder le tiró por la cabeza abajo en el lobby, luego de revelarle
el motivo del contacto.
Allí abajo, Binder había sacado un sobre rectangular del
bolsillo. El papel era perlado y tenía un gramaje importante. Iba cerrado por
uno de los lados más cortos.
Se lo pasó al irlandés a través de la mesa y lo dejó
frente a él. Randale lo abrió sin dejar de prestar atención al hombre de ojos
claros y sonrisa fácil. Echó mano al sobre y dio una ojeada al interior. Asomó
mínimamente tres billetes al azar para ver y tocar.
- ¿Perdón?
- Aunque sea acepte revisar la documentación. Esos
serían sus honorarios. Los archivos están arriba, en mi habitación.
Y Randale entró en el juego. Manso… Inocente.
- Binder ¿Quién lo banca? - Cerró el sobre, lo apoyó
sobre el vidrio de la mesa y lo deslizó devolviéndolo.
- Que importa eso - Retrucó sin dejar de sonreír - Como
dicen los yanquis “just bussines” mi amigo.
- No soy su amigo y ésta situación empieza a rayarme. No
lo tome a mal pero… No lo conozco, aparece manejándose como si fuésemos
íntimos, saca un plumero de verdes para hipnotizarme… Usted no me necesita a
mí. Usted necesita un explorador de la National Geographic.
- Necesito a alguien que sepa defenderse, en caso de que
“alguien” pretenda no permitirme llegar a donde quiero.
Lo dijo serio y frío. Randale ya había visto una muestra
de eso. Le clavó la mirada al irlandés, manos sobre los apoyabrazos, piernas
separadas, cuerpo hacia adelante. El hombre atacaba.
- Necesito a alguien que accione la cola de un
disparador sin dudar. Y usted “Irlandés”, tiene buena experiencia en eso.
Importante par de datos revelados que pertenecían a lo
más privado y particular, secreto podía decirse, de su vida.
Definitivamente a Randale se le estaban volando los
pájaros. Cabían dos posibilidades: que “El Toro” hubiese hablado de más, cosa
que Randale dudaba, o que alguien le haya vendido información a este payaso.
Que él supiera, no existía un legajo suyo en ninguna parte. Aunque había que
empezar a reconsiderar esa cuestión.
- Lo que acabo de escuchar me irrita y me preocupa.
- Sí, es entendible.
- ¿Entonces?
- Entonces que los… “inversores” para los que trabajo
creen en una aproximación frontal, coercitiva, yo creo más en las asociaciones
colaborativas.
Randale se quedó callado evaluando la situación. Si se
paraba y se iba, tenía la sensación de que iba a ser mucho más perjudicial que
si trataba de resolver ahora mismo la situación. De todas formas, ninguna de
las dos le conformaba.
- ¿Quién le habló de mí?
- Un par de personas. Lo tienen en alta estima por lo
que entendí.
- ¿Y cómo sabe que no le mintieron?
Sonrió seguro de lo que tenía en la mano.
- Es gente seria, usted lo sabe, y hay pruebas que
demuestran su capacidad. ¿Creyó que armando una fachada legal, pagando sus
impuestos y llevando una vida discreta puede desentenderse de su pasado? Está
completamente equivocado. Claro que entiendo - continuó después de ver que
Randale lo observaba en silencio - la decisión de volver e instalarse aquí.
Este país es un manto de niebla, cualquier cosa se puede ocultar debajo de él.
Ya lo hicieron otros antes. Desde 1945 en adelante; siempre hubo un amigo
dispuesto a dar una mano.
Subió un punto más el nivel de intimidad de la charla.
Le habló confidente, casi en un susurro; esto ya se parecía a la danza que el
macho hace alrededor de la hembra previo a copular feroces para prolongar la
especie.
- A ver Randale, esto es simple. Usted acepta un trabajo
por el que va a cobrar muy buenos dividendos. Hace lo que sabe, teniendo un ojo
atento a cualquier complicación, y cada uno sigue por su lado. Y lo más
importante: nadie le refriega una carpeta con información en la cara. Como le
dije, “just bussines”.
- Y tengo que creer que la mención a cierta información
sobre mi pasado va a ser olvidada automáticamente…
- “Vivir y dejar vivir” es el lema. No somos
chantajistas baratos mi amigo, no nos dedicamos a eso. Eventualmente, en caso
de tomarla contra usted o cualquier otro, es más fácil “cortarlo” o hacer que
su propia gente le caiga encima.
Ahora Binder empezaba a utilizar vocabulario específico.
En la jerga que pertenecía a los servicios de inteligencia, “cortar”
significaba matar, lisa y llanamente. Con lo otro se refería a complicar la
situación con alguna causa armada de la que difícilmente uno saliera entero.
- Podemos decir que estoy apretado entonces…
- No, no, no - exclamó entre preocupado y ofendido el
otro - No me mal interprete. El dato que dejé caer me lo pusieron en la mano
por si era necesario. Insisto, yo creo en el consenso. Acepte el trabajo… Por
favor; va a ser mejor para ambas partes ¿no lo ve así?
No había mucho para elegir. Si se iba por la puerta y le
daba la espalda a Binder ahora, no sabía que le podía caer encima después. Si
aceptaba la oferta, en cambio, siempre podría devolver el golpe si la cosa se
complicaba. Él también contaba con recursos para neutralizar al tipo sin
mancharse las manos. El problema más serio vendría después, con quienes
aparecieran detrás de él…
Y así fue como se embolsó de nuevo el sobre y aceptó
subir a la habitación con Binder.
Los papeles y carpetas que había sobre la mesa
pertenecían a archivos diversos, todos antiguos y redactados en lenguaje muy
técnico y con expresiones que denotaban haber sido escritos en otros tiempos.
Había papeles escritos en alemán, en inglés, en portugués y en italiano.
Algunos llevaban la marca de agua del águila con alas
extendidas, llevando entre sus garras la corona de hojas de roble que contenía
la cruz gamada. Otros mostraban un círculo con la leyenda “Fascismo e Libertá”,
enmarcando un fasces romano, una especie de mazo de grueso tronco que llevaba
adosado una hoja de hacha. Era uno de los distintivos del régimen de Mussolini
en la Italia de la Segunda Guerra.
- Esta es parte de la documentación que nos trajo a
entender que lo que buscamos está aquí en el sur.
- Y que sería…
- En lo que a usted concierne solo una caja. Una caja
que debe estar metida en un compartimento en la quilla del submarino hundido.
- Para empezar a ponerle un poco de orden a todo esto.
Primero y fundamental ¿Tiene la ubicación exacta de lo que busca o solo
suposiciones?
- Tengo el dato que durante años mal interpretaron
quienes intentaron localizarlo hasta ahora y tengo la respuesta a ese error. No
conozco la ubicación exacta, pero sé dónde buscar.
- ¿Alguna idea de a qué profundidad está?
- No más allá de los treinta o cuarenta metros.
- Treinta es una cosa y cuarenta otra.
- Me refiero a que no está perdido en las profundidades.
La nave no se hundió por accidente. La hundió la tripulación luego de
evacuarla. Hay constancias muy precisas de ello.
- Quiere decir que voluntariamente eligieron un lugar
cerca de la costa, desde donde la tripulación se pudo poner a salvo y, a la
vez, depositar el submarino eligiendo también el lugar donde se hundiría.
- Así es.
- ¿Cuándo fue eso?
- Agosto, septiembre de 1945.
- Hay documentación en el Museo de Submarinos de Mar del
Plata respecto a eso. Hubo mucho revuelo con varios avistajes que se produjeron
en la zona ¿Sabía eso?
- Sí. Como también sé que en 1998 la Armada montó un operativo
del que participaron un rastreador, un par de aviones de la escuadrilla de
operaciones anti submarinas y cantidad de buzos, pero o no encontraron nada o
se lo callaron. De todas formas, no hubo comunicación oficial sobre el
resultado de la búsqueda.
- Concretamente ¿Con qué información cuenta usted que
pueda ser de utilidad y certificada?
- El servicio secreto de la marina alemana, el Abwehr,
lanzó un plan de evacuación cuando supieron que la guerra estaba perdida. La
marina tenía bases de submarinos tanto en Noruega como en Francia. Las noruegas
eran más difíciles de utilizar por el clima; pero cuando Francia fue recuperada
por los aliados, no les quedó otra que volver allí.
- Aunque haya sido por poco tiempo.
- Correcto. Ahí es donde empezaron a ejecutar el
operativo que tenían guardado. Éste consistía en reunir una flotilla de
submarinos en la base que aún tenían funcionando en Noruega. Éstos serían
cargados con documentación, materiales y personas y se despacharían con la
intención de llegar a las costas patagónicas argentinas. Aparentemente unos
once se reunieron y solo dos llegaron a la altura de Mar del Plata. Aunque las
constataciones que hay del caso fueron deliberadamente manipuladas.
- ¿Para qué?
- No es el “para que” lo que importa sino el “por qué”.
La Marina de Guerra Argentina pretendía quedarse con los navíos y con la
tripulación para aprovechar el material y la información para el desarrollo de
su propia fuerza. Obviamente que la presión de los aliados impidió eso. Pero no
se sabe si antes de entregar lo que entregaron no se “perdieron” cosas.
- ¿Por ejemplo?
- Gente, armas, dinero, documentos… Se cree que,
primero, no eran dos sino tres los submarinos que llegaron en esa ocasión. El
U-530 y el U-977 pudieron estar acompañados de un tercer navío. Mientras los
dos primeros se rendían, el tercero se fugaba con lo que los otros dos pudieron
aportarle. Éste es el que buscamos.
- Pero para estas alturas, en caso de encontrar los
restos, no creo que haya nada en muy buen estado de recuperación después de
casi setenta años ¿Sabe lo que el mar hace con las cosas que se engulle?
- Lo que nos interesa, seguramente fue embalado cuidando
las particularidades del caso.
- Aun no entiendo una cosa ¿Qué sabe o tiene usted de
diferente que no tuvieron las expediciones anteriores, las que fracasaron?
- La interpretación correcta de las señales que refirió
la tripulación al marcar el lugar de desembarco.
A Randale no pareció hacerle efecto la revelación. Se
limitó a un sonoro “Mmm…” y a una fruncida de trompa.
- Es una cuestión de interpretación más que de
traducción. Creemos que se interpretó mal una palabra al marcar el lugar donde
la tripulación abandonó la nave.
- Notable. Y dígame una cosa… ¿Habrá alguien más acorde
con quien pueda hablar de manera más… técnica respecto al tema?
Binder sonrió y se restregó las manos.
- ¿Significa eso que acepta el trabajo, entonces?
- No lo festeje. No tengo mucha opción y tampoco me da
la impresión de que con eso me salgo del brete. Pero por ahora es lo único que
tengo.
- ¡Excelente, excelente! - se acercó a Randale y le tomó
la diestra entre sus manos estrechando un apretón - Le garantizo personalmente
que acaba de cerrar un trato formal en el que no se mezclarán cuestiones
personales con cuestiones profesionales. Cualquier cuestión que pueda parecerle
coercitiva queda fuera de toda discusión. Insisto, se lo garantizo
personalmente.
- Ok lo tomo como única garantía.
- Excelente. Ahora los detalles. Por donde quiere
empezar ¿Honorarios, logística, equipos?
- Condiciones.
- ¿Por ejemplo?
- Tengo mi equipo de trabajo. No trabajo con nadie más
que con ellos.
- Entiendo. No tengo objeción en ello. Solo voy a
exigirle que le haga lugar a alguien de mi confianza para que esté a su lado.
- No hay lugar para principiantes, créame. Y no los
tolero bajo ningún punto de vista.
- No es principiante ni amateur. Se trata de un
profesional en el campo de la arqueología submarina. Buzo y científico.
- ¿Y qué espera que haga con él si las cosas se ponen
calientes? ¿O acaso no arrancó haciendo esa salvedad?
- No me importa el detalle. Mientras cumpla con la parte
que le toca, si se convierte en un “daño colateral” no es mi problema ni el
suyo.
- Ya veo… Y según usted es necesario incluirlo.
- Indispensable. Es quien colaborará con la ubicación y
certificará que lo que buscamos sea auténtico.
- Mierda… - Masculló el irlandés por lo bajo.
- No se queje hombre. Piense que ni siquiera le impugné
a su gente ¿De cuántos hablamos?
- Dos colaboradores.
- ¿Dos? ¿Nada más? ¡Pensé que hablábamos de una banda de
diez o quince tipos! No hay problema hombre ¿Qué más?
- ¿De qué hablamos en cuanto a tiempos? ¿Dónde está su
experto? ¿Cuándo pretende hacerlo? ¿Cuándo podemos empezar? Todavía no hablamos
de honorarios. Creo que vamos a estar un largo rato ocupándonos de detalles.
- Seguro. Pero por partes. La idea es montar la
operación en este momento. A partir de ahora y en el menor tiempo de ejecución
posible. Estamos en una época del año favorable. Buen clima y movimiento de
gente. Cualquier cosa que hagamos estará dentro de un tránsito de turistas que
van y vuelven de sus vacaciones. Nos plegaremos a esa corriente que nos ayudará
a pasar desapercibidos. Recuerde que quiero discreción en todo momento y bajo
toda circunstancia.
Y quiero poner en marcha la operación ahora mismo.
- Estoy de acuerdo. Además prefiero evitar meterme al
agua en el sur después de abril.
- Bien. Por mi parte estoy en condiciones de resolver
dos puntos en este mismo momento. El primero, sus honorarios ¿Cómo se maneja?
- El valor real del trabajo dividido en dos partes. El
treinta por ciento depositado como cualquier pago en una cuenta local, para
poder justificar impuestos y facturación. El setenta restante en una cuenta en
el extranjero con todas las garantías del caso.
- Hecho ¿Qué más?
- El pago es limpio en concepto de honorarios
profesionales. No gasto un centavo en nada que insuma recursos por movilidad,
equipos, personal, traslados o cualquier otra erogación que aparezca.
- Entiendo. Los costos corren por mi cuenta. Hecho.
- Si necesito equipo adicional, lo provee usted. Después
se ve quien se lo queda.
- De acuerdo.
- Ahora solo resta ponerse de acuerdo en el número.
- Pues piénselo mientras le presento a quien va a
acompañarlo.
- ¿Está aquí?
- Un piso más abajo. Ya vuelvo.
Y entonces
Randale se dedicó a prestarle atención a un par de detalles importantes de los
que debía ocuparse.
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